Por qué Argentina se va al Fondo

No es un juego de palabras ni un sarcasmo sangriento. Es la expresión sintética del momento delicado que vive Argentina, un país con demasiada influencia sobre el Paraguay como para ignorar lo que le pasa. Allí viven centenares de miles de compatriotas y, se dice, más de un millón de descendientes. Argentina nos compra el 29% de lo que exportamos y nos vende un 30% de lo que importamos (2017). Es nuestro socio condómino en Yacyretá y, de acuerdo a los humores políticos del momento, declara la hidrovía “corredor libre” o lo llena de trabas portuarias y de navegación con las consecuencias ya sabidas. Y, finalmente, de acuerdo a los vaivenes de su moneda, un día le hace el campo orégano al contrabando hacia el Paraguay y al siguiente inunda de compradores los shoppings paraguayos. Así de variable es la relación con nuestro vecino. Pero, ¿qué nos está obligando a interesarnos en su situación? Es la volatilidad de su mercado cambiario sometido a salvajes remezones. El peso perdió más de un 5% frente al dólar en las últimas dos semanas y acumula una baja del 14% en lo que va del año. El Banco Central intentó parar la hemorragia vendiendo más de US$ 6.000 millones, sin éxito. Tanto que, como última ratio, Macri acudió al Fondo Monetario Internacional para solicitar un préstamo stand by “de alta disponibilidad” (US$ 30.000 millones, estiman) para cerrar la brecha. ¿Por qué lo hizo? Argentina tiene un déficit fiscal inmanejable, costos productivos altísimos y escasa competitividad. El resultado es una economía altamente vulnerable golpeada además por una sangrienta conflictividad política que la vuelve aún más frágil e impredecible. Por eso Argentina se fue al Fondo. No le quedaba otra. Un proceso para seguir de cerca y sacar valiosas conclusiones.

 

 

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