Ni Franco, ni el Che

 

 

JUAN TORRES

@Jualtorres

PERIODISTA

 

Nuestro debate político es primitivo y, en general, desconectado de las vanguardias de Occidente.

Si bien en partes de lo que llamamos el mundo avanzado hay un auge de populismos nacionalistas empujados por el fenómeno de la migración y la sensación de que las nuevas generaciones no alcanzarán el nivel de vida de sus padres, los grandes partidos de izquierda o derecha “aggiornaron” la doctrina y pulieron aquello que ya era obsoleto en el mundo diverso y complejo del siglo XXI. Ante cierta polarización política global, los extremos generan más atención, y aquí también se hacen oír.

Por un lado, una derecha oscurantista y cuasi medieval, que quiere someter las leyes y la dinámica de una República a doctrinas conspirativas o religiosas mientras defiende a toda costa privilegios de algunos sectores y, por otro lado, una izquierda tilinga que sigue hipnotizada por el relato de los setentas, el romanticismo de la “revolución” en Cuba o su versión contemporánea y venida a menos del socialismo del siglo XXI. Toda esta ensalada mental anticuada nos conduce a un solo lugar: el atraso. Lo único que cambia es el camino que tomaríamos para terminar chocando.

Gran parte de la derecha occidental se sacudió de sus prejuicios y entendió que en las repúblicas democráticas no gobiernan las mayorías ni debería imponerse un culto particular, sino la Constitución, y ésta garantiza igualdad de derechos para todos. En cuanto a la izquierda, si bien siguen dando mayor énfasis a la regulación del Estado en ciertas cuestiones, ya no sueñan con utopías comunistas que no funcionan.

Como ciudadanos y como electores, necesitamos que nueva gente sensata y no fanática se anime a crear espacios políticos que puedan ser atractivos para ese sector importante de la población que ve, entre asustada y harta, cómo estos dos extremos se atacan. Enterremos de una vez a los fantasmas del Che o del Generalísimo Franco.

El camino es más República, más crecimiento económico y más libertad personal.

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