Antes de que se hable de condonación

A los 47.000 pequeños productores endeudados les queda la alternativa del Crédito Agrícola, única institución que puede cargar con el moribundo".

No hay que equivocarse cuando se enfoca en los grandes productores el problema que afronta la cadena de valor de la soja, creyendo que son los únicos endeudados que arrastran cuotas de anteriores refinanciacio­nes y que enfrentan ahora la crisis derivada de la mala campaña 2018-2019.

En el camino ha quedado un grupo no menor y el más vulnerable, el de los pequeños productores. El ciclo cerrado en el primer semestre dejó en situación muy precaria a 47.000 productores con fincas de menos de 20 hectáreas que totalizan 953.000 hectáreas, el 28% del universo dedicado al complejo de la soja. Se trata de deudas de monto relativamente modesto aunque demasiado pesada para cada agricultor en particular. Con un agra­vante: la banca privada no está en condiciones de absorber el costo que aca­rrea remodelar semejante cantidad de acreencias y eso vuelve el problema ex­tremadamente difícil. De manera que es inminente que esos productores con el agua al cuello y prác­ticamente sin recursos a los que apelar, salgan a demandar auxilio.

A las grandes y medianas empresas agropecuarias, con resto suficiente para negociar, el Banco Central les ha tirado un salvavi­das: autorizar a los bancos a flexibilizar las renego­ciaciones y repartir mejor la carga. A los 47.000 pequeños les queda la alternativa del Crédito Agrícola de Habilitación, única institución que por su estructura orgánica puede cargar con el mo­ribundo. Ya lo hizo antes, con resultados relativa­mente satisfactorios para aquellos que tomaron en serio la refinanciación.

Y debe hacerlo antes de que se empiece a hablar de condonación, la receta perfecta para el desastre y la preferida por los agitadores camuflados de dirigentes campesinos a los que en realidad les importa muy poco la suerte de sus supues­tos representados.

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