Nuestra relación con el dinero

Stephanie Hoeckle – Directora de Oui Oui
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“No puedo ir, el dinero me pidió el divorcio y tengo demasiado trabajo”. El mensaje que una amiga escribía en uno de los grupos de WhatsApp, luego de recibir la convocatoria para reunirnos en este Día de la Amistad, me hizo retroceder unos cuantos años y recordar los inicios de mi agencia de relaciones públicas. Acababa de independizarme laboralmente y estaba muy feliz de ser por fin la dueña de mi tiempo y mis decisiones. Sin embargo, pronto empecé a sentir una enorme presión: tenía que generar los ingresos para que la empresa cumpliera con sus compromisos, fuera rentable y creciera.

En ese plan, me privé de muchas cosas, entre ellas, de compartir el tiempo con la gente que me importa, como, por ejemplo, mi grupo de amigas del alma, un verdadero tesoro para mí. Pero renunciar a ese tipo de cosas es algo que ya no estoy dispuesta a hacer hoy: esto no significa que no busque ganar dinero, por el contrario, soy consciente de su valor, aunque intento que no defina mi vida ni mi profesión.

La relación que hoy tenemos con el dinero no es fácil. Usando el ejemplo de mi amiga, ansiamos un eterno romance con él, pero, para las mujeres, esa relación puede resultar compleja y verse afectada por sentimientos de culpa que surgen, por ejemplo, cuando somos mamás y no podemos acompañar en todo momento a nuestros hijos.

Lo que proponen hoy los coaches para mejorar nuestra relación con el dinero es cambiar algunas actitudes. Prestemos atención a algunas claves.

La medida de todas las cosas

Así como las empresas tienen su misión y visión (lo que quieren ser y a dónde quieren llegar), es importante responder, con honestidad, qué representa para cada una el dinero y qué valor le vamos a dar en nuestra vida personal y profesional. ¿Será la única forma de satisfacer nuestras necesidades? ¿Será la única medida del éxito profesional?

El porqué del trabajo

Si la relación con el dinero es algo así como un touch and go, es decir, si se busca generarlo de manera rápida, fácil y sin mucho esfuerzo, es claro que la satisfacción será poco duradera. Ganar dinero es, por lo general, el resultado de un proceso sostenido de trabajo. Y aún así, no todas las actividades retribuyen tanto dinero como para aumentar significativamente nuestra cuenta bancaria y darnos una vida mucho más holgada. Si el único objetivo de trabajar es acumular ganancias para algún día poder disfrutar de la vida, nos estamos perdiendo buena parte de ella. Por el contrario, si nos gusta nuestro trabajo y somos capaces de compensar las horas invertidas con otras actividades que nos hagan sentirnos bien y realizadas, es probable que vivamos más tranquilas y felices mientras seguimos produciendo.

La disciplina

Una buena relación con el dinero exige orden y límites claros. Cumplamos con los pagos a nuestros colaboradores y proveedores, cobremos por la calidad de nuestro trabajo y estemos al día con cualquier deuda contraída. Desarrollemos buenas prácticas financieras para anticiparnos a los problemas y saber buscar soluciones cuando estos se presenten.

Cuidemos o, mejor dicho, planifiquemos los gastos. Todas necesitamos elaborar un presupuesto que nos permita conocer claramente nuestra situación financiera. La pérdida de control de los ingresos y gastos lleva inevitablemente a la ansiedad, que afecta todos los aspectos de nuestra vida, no solo el profesional. En cambio, el conocimiento de nuestra situación nos produce tranquilidad y nos permite dirigir nuestras energías hacia las cosas que nos interesan y nos hacen felices.

La mentalidad

Es necesario cambiar de mentalidad: ser capaces de ver lo que abunda en lo que escasea, lo que también se podría traducir en tener una actitud positiva ante la vida. Es algo que cuesta mucho, porque la sociedad insiste en que la felicidad está en ganar dinero para viajar por el mundo, manejar un auto del año, ir a un spa o vestir ropa costosa.

Tarde o temprano, la vida nos enseña que hay cosas más valiosas: la salud, las relaciones personales, la paz interior, el tiempo… En mi caso, tengo la fortuna de contar con el abrazo de mis maravillosos hijos, de todavía poder disfrutar de algo tan simple como un atardecer y de la compañía incondicional de esas buenas amigas con las que voy a encontrarme, como siempre. Lo más valioso que poseo no se paga con dinero.


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