Un diamante en bruto que marcó la tierra batida en París

A 40 años de la gran hazaña de Víctor Pecci en el Roland Garros

Una leyenda de 24 años. En tres ho­ras de juego, en 1979 se convirtió en el único tenista para­guayo que alcanzó una de las mejores instancias en el deporte. Víctor Pecci se des­tacó por llegar a la final del Roland Garros, una de las cuatro competencias que engloban el Grand Slam.

El periodista Arthur Jeanne en la revista Roland Garros Magazine se hizo eco de la gran hazaña del atleta gua­raní, quien además de de­leitar a los parisinos, marcó un antes y un después con su estilo único en aquel en­tonces.

Cita que en una entrevista, Pecci afirmó que dio todo de sí en el duelo final ante Björn Borg y fue muy reñi­do. “Con mi estilo de juego, fui duro contra Borg”, con­fesó triste.

En esa época, el para­guayo fue a la capital de Francia a romper todos los esquemas entre la comu­nidad. El pelo largo y un ‘arito’ de diamante fueron los puntos determinantes que hicieron que muchos lo cataloguen como un sex symbol, sin dejar pasar el cuerpo trabajado que lo caracterizaba y los 1,93 metros de estatura.

El tenista francés François Jauffre, hasta dijo que poseía ‘un físico de Don Juan’. “Yo era el único jugador de la épo­ca que llevaba un diamante”, aseguró Pecci.

A pesar de la derrota, la ova­ción del público fue para Pecci. “Luego del juego, justo antes del protocolo, los fans entraron a la cancha y me llevaron como si hubiese ga­nado”, relata Víctor en la nota. La noche siguiente cumple todas sus promesas. “Fuimos a Castel alrededor de las 6 de la mañana”.

Pero no solo su aspecto físi­co fue lo que llevó a Pecci a estar en bocas de todos en los años 70 de aquella París. Jeanne afirmó que “su juego seduce: una primera pelota poderosa, un voleo sutil hecho posible gracias a sus subidas a red cortando al re­vés, y sus rebotes se deposi­tan sutilmente para acortar los intercambios”.

También se menciona al medio francés Monde, don­de el tenista Yannick Noah señaló que “en los años 70, todo el mundo se vestía de blanco, con el cabello corto. Y ahí, de repente, apareció una generación de hombres que aterrizó con la cabellera larga y bandas en la cabeza (…) El público del Roland- Garros, en aquella época, era todavía por sobre todo la gente del barrio. Y ahí, de repente, porque habían jugadores con pelo largo y Pecci con su diamante, apa­rece una especie de ola po­pular que arrasa al Roland Garros”.

Por otro lado, luego de los juegos, el paraguayo acos­tumbraba ir a cenar a res­taurantes de la zona, Pecci afirmaba que volvía a su casa después. En ese mo­mento se abre un incógnita, si es cierto lo que se decía, ¿por qué en Francia le ad­judicaron fama de fiestero? diciendo que pasaba noches en lugares como Castel o en Palace.

El magazine refirió que Pecci tiene una idea al respecto: “El hecho de que sea un playboy es un poco un mito. En espa­ñol, hay una expresión que dice: Hazte de fama y échate a dormir, quiere decir que una vez que tu reputación está hecha, ya no debes ha­cer gran cosa, con eso ya se puede ganar. Y los tenistas de la época todos tenían una reputación: McEnroe era co­lérico, la estrella de rock, Borg era un cubo de hielo, y yo, yo era el latin lover… cuando de hecho, yo no salía de fiesta to­das las noches; lejos de eso”.

Recordando un poco más el furor que causó el paraguayo en París, Noah calificó a Pec­ci como el ídolo de todos los parisinos. El sex symbol, la revolución. “Fue la primera vez que había chicas que iban a ver los juegos”, acotó Noah. Víctor precisó que “el que no salía en París a los 25 años era un extraterrestre. Era el apogeo de Castel, su época dorada. Había actores, estre­llas de música y estábamos nosotros”.

DE REGRESO

Luego de la gran hazaña que realizó Pecci en uno de los torneos más importantes del Gran Slam, fue recibido en Asunción como toda una estrella, y se dio comienzo a una nueva era de tenis en el territorio guaraní. El tenista chileno y amigo del exitoso paraguayo, Hans Gildemeis­ter, mencionó que se vivió un ambiente de carnaval cuando Pecci tuvo un juego de exhibición en el Yacht & Golf Club. 

“En Paraguay, el tenis era un deporte muy elitista”, analizó Pecci. “Existían tres clubes de tenis en todo el país, todos priva­dos y en Asunción. Nadie sabía cómo se contaban los puntos ni que función tenían los sets. A partir de 1979, se comenzó a jugar tenis en la calle, en los callejones sin salida de los barrios populares, la gente bloqueaba la en­trada, improvisaban una red y jugaban… Hubo una explosión social del tenis paraguayo”.

Finalmente, una anecdótica Copa Davis marcó a Francia en 1985. “Francia cayó en el infierno de Asunción en octavos de final: los juegos se disputaban dentro de un pequeño gimnasio con una capacidad oficial de 2 mil personas, pero 3500 aficio­nados ocuparon el espacio. La temperatura se aproxi­ma a los 45 grados con el techo de chapa que había”. Yannick Noah, quien cayó ante Pecci en una marató­nica partida, añadió que “el público era fanático, y en América del Sur, el fanatis­mo puede hacer desapare­cer cualquier límite”, relata la revista.

Partieron con rumbo a Ca­racol, un club nocturno de moda en esos años. “No era Castel, pero igual estaba bien. Con Forget, Leconte, Noah, uno podía hacer una santa fiesta… ¡Los franceses saben divertirse!”, concluyó Pecci.

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