Dónde está el poder

Históricamente el hombre ha luchado por el poder en todos los ámbitos de la vida.

HÉCTOR SOSA GENNARO
SOCIO
Club de Ejecutivos

Un capítulo sobre el cual cuesta ponerse de acuerdo en el Paraguay es el relativo al déficit habi­tacional, entendido por la cantidad, calidad, dimen­siones, costo y estética de la vivienda, en especial la de tipo familiar. El rango de esa necesidad tiene un spread muy amplio, ya que iría de 1.000.000 a 1.500.000 viviendas, con una variable que complica el cálculo: por un lado está la vivienda propiamente dicha y por el otro, la denominada “solución habitacional”.

Como quiera que sea, es un tema que una vez abordado tiene la virtud de desatar encendidas polémicas y reaccio­nes que tocan muchas fibras ligadas a tradi­ciones y costumbres.

La casa típica paraguaya no se concibe si no es a partir de paredes de ladrillo, techo de tejas, tirantes y aberturas de madera y pisos cerámi­cos. Eso es lo que la tradi­ción exige y en eso se han curtido generaciones de arquitectos, ingenieros, constructores y provee­dores de materiales.

Sin embargo, ese modelo tiene un factor limitante: es cada día más caro y con mayor impacto ambiental. Cocer ladri­llos y tejas y producir cerramientos de madera cada día más escasa tiene un costo creciente. La primera vez que se habló de casas prefabricadas con materiales sintéti­cos casi se produjo una sublevación general. Pero con el paso del tiempo la polémica ha ido cediendo paso a la razón: casas más económicas, rápidas de construir, fáciles de acondicionar y mantener. Una de estas viviendas de 90 metros cuadra­dos cuesta entre 80 y 120 millones mientras que una de material cocido no baja de 250.

Esta realidad de hierro exige un cambio de paradigma y una política de Estado habitacional que maximice el ren­dimiento de recursos siempre escasos.

Ya se encargará el tiempo de crear una nueva tradición. Las siguientes generaciones se encargarán de ello.

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