Reformular la carta orgánica del MAG

A veces, de donde menos se espera salta la liebre, dice el refranero popular. Presidiendo el consejo asesor, el ministro de Agricultura y Ganadería dio paso a algunas re­flexiones que alcanzan el centro mismo de la pro­blemática agropecuaria.

El representante de la Unión de Gremios de la Producción consideró que no es posible pensar y ejecutar una política de desarrollo agropecuario con un ministerio basa­do en una carta orgánica de casi tres décadas de vigencia. Promulgada en los días de Andrés Rodríguez Presidente de la República y Raúl Torres ministro del MAG, la ley tiene propósitos muy razonables, como aquello de “participar en la formulación y ejecu­ción de la política global en planes de desarrollo económico, social y ambiental…” así como “promover, orientar y proteger las actividades productivas agropecua­rias, forestales…”. Está claro que la formulación de una política global, si la hubo, no llegó a ninguna parte. El éxito de la producción agrícola y ganadera es producto neto del esfuerzo y la inversión privada. Y en cuanto a eso de proteger las actividades produc­tivas agropecuarias, mejor no empezar, no hay suficiente espacio en este editorial para relatar todo lo que ocurre con las invasio­nes de propiedades.

Pero tal vez una de las puntualizaciones más enfocadas haya sido la del presidente de la Asociación Rural del Paraguay, quien invitó a reformular el mundo de la pequeña agricultura para que produzca lo que el mercado demanda y no al revés, como se hace ahora. “Es el camino indicado para sacar de la pobreza al pequeño agri­cultor” planteó el titular del gremio ganadero.

Dos ideas que si ca­yeran en tierra fértil podrían marcar la diferencia entre lo que se viene haciendo en el ámbito del MAG y lo que el país necesita.

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