La práctica que fortalece la comunicación

Una disciplina para realizar en grupo

El acroyoga es la combinación de tres disciplinas; el yoga, el masaje terapéutico y las acro­bacias. Mediante esta práctica que se realiza en pareja, trío o grupo, se cultiva la confianza y el empoderamiento, la em­patía y muchos otros as­pectos físicos, psíquicos y emocionales.

Cada persona tiene un rol: la base, es quien des­de el suelo y mediante la fuerza de sus piernas y brazos mantiene al volador en el aire, don­de este realiza posturas y flows, y el cuidador, quien controla y cuida los movimientos de los participantes.

No solo es una práctica divertida y energizante, sino que también trata as­pectos terapéuticos, que incluyen los estiramien­tos y masajes, y aspectos provenientes del yoga, como las asanas, la con­ciencia en la respiración y postura, el alineamiento y activación del cuerpo.

La instructora de esta dis­ciplina, Verónica Ávila, comentó que es una prác­tica muy novedosa en el Paraguay, recién arranca­ron en enero y hay mucho desconocimiento acerca de ella por parte del pú­blico, sin embargo prac­ticar acroyoga es muy seguro, siempre se trabaja con más de un cuidador y pueden realizarlo perso­nas de todas las edades, aunque las que más se prenden suelen ser perso­nas de 25 a 45 años.

La diferencia más no­toria entre acroyoga y cualquier otro estilo de yoga es que la ma­yor parte de la clase se trabaja con los de­más participantes, en grupos de a dos, tres o más personas.

“Trabajamos en dife­rentes niveles y vemos hasta dónde podemos llegar de acuerdo a cada uno, siempre que se vaya ganando fuerza, se van pasando a diferentes ni­veles”, afirmó la especia­lista.

CARACTERÍSTICAS

El volador es la persona que sube sobre los pies y manos del base, debe tener fuerza abdominal, mucho equilibrio y con­fianza para mantenerse sobre su compañero, y debe aprender a dejarse llevar y a confiar.

El cuidador, aunque no salga en las fotos, es la pieza más importante en la práctica de Acroyoga puesto que es el pega­mento entre el base y el volador, es quien se en­carga de que la práctica sea realmente segura y divertida. Acompaña los movimientos del volador ayudándole a encontrar el equilibrio y la alinea­ción en las posturas, y facilita la comunicación del grupo.

Ávila agregó que dentro de la práctica del acroyoga se puede encontrar una parte lunar y terapéutica, que incluye los estira­mientos y masajes, y una parte solar y acrobática que cultiva la confianza, el empoderamiento y el gozo.

La instructora expli­có que la parte solar incluye las posturas y la preparación del cuerpo para poder llevarlas a cabo. Mientras que en la parte lunar se hace ma­saje tailandés en el cual se trabaja con la respira­ción para que el que lo reciba lo haga de manera natural, así como se evi­dencian vuelos terapéuti­cos donde se sostiene a la persona.

“Lo lindo de esta práctica es la comunidad que uno crea y la comunicación que se desarrolla con la persona, la escucha, se aprende a escuchar, a respetar los tiempos del otro, se acompaña, se guía, es un trabajo muy lindo”, concluyó Ávila.


También podría gustarte