Lo bueno, lo malo y lo feo de la reforma fiscal casi vigente

Por Pedro Ayala payala@cpaferrere.com  y Erika bañuelos
ebanuelos@ferrere.com

Quedó sancionado el Proyecto de ley de “Modernización y Simplificación Tributaria” y, apenas el presidente Abdo Benítez promulgue la Ley, los cambios impositivos serán una realidad que, a algunos más y a otros menos, nos afectará a todos desde el primer día de 2020.

Después de un análisis legislativo relámpago en ambas cámaras del Congreso, ahora es a la Administración Tributaria a la que toca arremangarse. Antes de fin de año, en una tarea titánica, deben quedar redactadas las normas regulatorias de los impuestos. Esto supone, además, la modificación de los formularios de liquidación para adecuarlos a las nuevas reglas. Y, consecuentemente, se ajustará el sistema Marangatu para que refleje los cambios a ser implementados.

La Reforma pretende establecer reglas claras que obliguen a pagar más impuestos a quienes más ganan. Sin embargo, pese a que se busca una mayor recaudación a través de los impuestos a las rentas, el recurso recaudatorio más constante de la Administración Tributaria seguirá siendo el de los impuestos indirectos: el IVA, principalmente, y el Selectivo al Consumo. En los próximos años, probablemente, habrá que atender al fisco, observando como redirecciona y gestiona sus esfuerzos para que la recaudación de los impuestos directos vaya tomando mayor relevancia.

LO QUE PODEMOS ESPERAR TODOS
En general, la ley resulta beneficiosa, tanto para las empresas como para las personas físicas. Quienes realicen actividades comerciales y agropecuarias, solo van a tener que pagar un impuesto, lo que les va a permitir reducir la carga administrativa de llevar la contabilidad y la liquidación impositiva según las fechas de vencimiento establecidas para su presentación y pago.
La carga impositiva va a disminuir en lo que interesa a las empresas y los empresarios extranjeros. Actualmente, además de pagar el impuesto a la renta anual del 10%, si una empresa realiza actividades comerciales debe pagar una tasa del 5% en caso de distribuir utilidades a sus socios y accionistas. A su vez, los socios y accionistas domiciliados en el extranjero deben pagar un impuesto del 15%. Con esto, pese a la percepción generalizada de que somos un país en que la tasa del impuesto a la renta alcanza apenas al 10%, en realidad, un inversor extranjero paga un total de casi 30% por realizar actividades empresariales en Paraguay.

El nuevo panorama va a resultar considerablemente más beneficioso, pues las empresas van a pagar una tasa única del 10% sobre las ganancias que tengan en el año. Y, en caso de distribuir utilidades, van a estar obligadas a pagar a la Administración Tributaria las retenciones del Impuesto a la Distribución de Utilidades “IDU” que debe practicar a los accionistas nacionales (8%) y el de los extranjeros (15%). Esto reduce el costo del impuesto a prácticamente el 25%, para los inversores domiciliados fuera del país.

Para las personas y empresas extranjeras que vienen ocasionalmente a realizar actividades en Paraguay, el cambio también será positivo. Hasta ahora, están obligadas a pagar un impuesto a la renta que varía entre el 3% y el 30%. Pero, desde enero del 2020, aunque la tasa mínima que van a pagar del impuesto va a ser del 4,5% la máxima va a ser del 15%. Esta reducción del 50% de la carga impositiva, nos hace pensar que Paraguay seguirá siendo un país de las oportunidades, donde encuentren refugio las inversiones extranjeras directas. La expectativa razonable es que todos los demás factores económicos, políticosw y de clima de negocios acompañen nuestra nueva oferta impositiva.

Para las personas físicas, las reglas del Impuesto a la Renta Personal van a cambiar un poco, ya no va a ser posible deducir prácticamente todos los gastos, como vienen haciéndolo los contribuyentes desde el 2012. A diferencia de los cálculos que tuvimos que hacer hasta este año para saber si íbamos a estar alcanzados o no por el impuesto, a partir del año que viene, siempre y cuando percibamos 80 millones en el año, nos vamos a convertir en contribuyentes.

Las tasas del impuesto a la renta personal variarán, serán 3 tasas diferenciadas. Si los contribuyentes tienen ganancias por vender o alquilar de inmuebles, así como intereses o venta de otros bienes que no sean inmuebles, la tasa va a ser del 8% sobre la ganancia. Cuando los ingresos sean por servicios correspondientes al trabajo, las tasas podrían ser del 8%, 9% y 10%. Eso dependerá de que perciban hasta 50 millones, más de 50 y hasta 150 millones y más de 150 millones respectivamente.

Cómo va a afectar nuestras compras
En cuanto a los impuestos indirectos, que afectan nuestras compras diarias, la aplicación del IVA y del impuesto selectivo al consumo se mantendrá prácticamente igual. Se van a gravar los mismos hechos y se van a mantener las mismas tasas, pero debido a que vivimos en un mundo globalizado, la ley incluye definiciones y servicios que anteriormente no estaban expresamente alcanzados.

En este sentido, si bien hasta ahora ciertos servicios digitales no estaban gravados expresamente, y los usuarios no estaban obligados a asumir la carga impositiva, con la entrada en vigor de la ley, por ejemplo, vamos a pagar el IVA por la utilización de los servicios de streaming. Las entidades financieras y las procesadoras de las tarjetas de crédito serán las encargadas de liquidar y percibir el valor del IVA al momento en que tengan que procesar el pago. Esta es una batalla que la Administración peleó por mucho tiempo y que finalmente dio sus frutos. Esperemos que establezca reglas claras en la regulación.

La ley también incluyó muchas cuestiones formales, que sin bien debieron haber sido cumplidas siempre, ahora serán obligatorias. Ya no podremos alegar que no queremos que nos emitan facturas, tenemos el derecho y la obligación de que el vendedor nos provea del documento fiscal que pruebe la transacción. Sin haber pagado lo que compramos, no vamos a poder utilizar la deducción del valor del IVA que esté incluido en los comprobantes.

En cuanto al impuesto selectivo al consumo, se generaron muchos debates acerca de los productos que son dañinos para la salud, pero porcentualmente no hay mucha diferencia en los valores que van a pagar los cigarrillos, el alcohol y los productos lujosos. Para los legisladores, una cuestión que sí cambia de manera importante, teniendo en cuenta el índice de obesidad que hay en el país, es que ahora los productos que superen las 500 calorías por cada 100% gramos, van a estar alcanzados por este impuesto. Los importadwores y fabricantes de productos calóricos y alcohólicos están obligados a mostrar en los envases el porcentaje de azúcar y alcohol que contienen. Más que nunca, las etiquetas deben ser leídas detenidamente para proteger nuestra salud y la de nuestros hijos, además de nuestro bolsillo.

BRILLA, PERO NO ES ORO
La ley tiene un punto que extremadamente negativo para un país que depende de la agricultura y es uno de los principales productores y exportadores a nivel mundial: apenas la nueva ley entre en vigencia, las empresas agroexportadoras ya no podrán recuperar el crédito fiscal del IVA relacionado a la compra de productos agrícolas exportados, incluso en el caso de aquellos que son industrializados, como, por ejemplo, la harina y el aceite desgomado.
Esto situación viola principios fundamentales de tributación. Económicamente, es más caro comprar los productos que están gravados con impuestos que aquellos que no lo están. Si sobre los productos exportados no se pagaron impuestos, cuando lleguen a mercados los extranjeros van a competir en igualdad de condiciones que otros productos que se van a importar a ese país. Normalmente, los países gravan con impuestos la importación. Pero la cuestión es que, si nuestros productos agropecuarios ya fueron exportados incluyendo el valor del IVA, van a ser más caros para el importador en el país de destino y, en los países en que la importación está gravada con IVA, el importador podría incluso pagar dos veces el mismo impuesto. Esto, naturalmente, nos resta una enorme competitividad en el mercado internacional, ya que al sobre costo de nuestra mediterraneidad le sumamos impuestos internos.

Para evitar que haya una distorsión en el precio de los productos exportados, los países por lo general no gravan con IVA las exportaciones, y otorgan el derecho a recuperar el valor del IVA vinculado a dichas exportaciones. Sin embargo, a partir del año que viene esto ya no va a ser posible para los exportadores de productos agrícolas en estado natural y, cuando nuestros productos lleguen al país de destino van a ser más caros.

LEY PAREJA NO ES RIGUROSA
Lo triste, además de toda la cuestión económica y política que está detrás de esto, es que también se está violando el principio constitucional de igualdad ante el tributo. Los demás exportadores pueden recuperar el IVA relacionado a la compra de los productos que se están exportando, los exportadores de productos agropecuarios en estado natural, no. Sin embargo, si estos mismos productos terminan de ser industrializados – según el criterio que va a determinar la Administración en la norma reglamentaria – los exportadores van a tener el derecho a recuperar el 100% del IVA pagado en la compra y la industrialización de estos productos.

Parece absurdo, pero si se exporta soja o derivados de la soja como la harina o aceite, no se trata de productos industrializados (a criterio de la Administración), y por ende no se podrá obtener la devolución del IVA pagado para comprar la materia prima. En cambio, si exporto carne, si voy a poder hacerlo. A nuestro criterio, todas las exportaciones deben tener el derecho a recuperar el IVA vinculado a sus operaciones de exportación, sean productos industrializados o no.
Con el tiempo vamos a poder verificar cómo afecta la reforma fiscal a la economía paraguaya y cuánto cambia la recaudación del fisco. Esperemos que cumpla los objetivos que propuso el gobierno y que ayude realmente al desarrollo nacional.