Discursos de fin de año

Stephanie Hoeckle
STEPHANIE@ AGENCIAOUIOUI.COM
Directora oui oui

A estas alturas del mes, creo haber contado ya media docena de discursos de cierre del año que tuve que escuchar en eventos de empresas y organizaciones con las que estoy vinculada por motivos profesionales y personales. En cada uno de ellos, fui anotando mentalmente lo que haría o lo que evitaría cuando yo estuviera en ese lugar.

AUDIENCIA

Mi lista empieza con, un «atención, aquí estoy yo, que tengo dos posgrados y bastante tiempo ejerciendo una profesión, que es la misma de la mayoría de los que estamos en esta sala». Digo esto porque considero que lo primero que debería tener en cuenta la persona que va a hablar en un acto o conferencia es a quién se dirige, quién es su público. Es cierto que, en ocasiones, este puede ser muy variado e incluir a personas con muy diferentes intereses; no obstante, es tarea del orador escoger los temas comunes, así como buscar la forma de expresarlos para captar la atención de toda la audiencia.

El conocimiento, por lo menos básico, del público, dará el tono en que debemos expresarnos (íntimo, solemne, gracioso, emotivo, etc.), hará elegir con cuidado los ejemplos para que la audiencia se siente identificada con ellos y nos permitirá saber si podemos usar la jerga de una profesión o industria, por ejemplo, o si debemos evitar términos porque podría haber mucha gente no familiarizada con ellos.

SITUACIÓN

Otro aspecto importante es la situación en que se dirá el discurso. Una celebración de fin de año, que incluye una cena y hasta música, no es el momento adecuado para hablar de los difíciles momentos que se vivieron en los últimos doce meses ni de la incertidumbre de la próxima campaña comercial. Sería más apropiado celebrar el haber sobrevivido a la crisis y recordar las ingeniosas estrategias que se siguieron para lograrlo. Una charla más técnica, durante un desayuno de trabajo, en cambio, exigirá tanto café como buenos datos, explicaciones claras, conclusiones breves y por lo menos un par de predicciones sobre el próximo año. El objetivo de quien da el discurso debe ser que la gente se quede con algo en qué pensar (si es posible, desde un ángulo diferente) y obtenga algo de inspiración para continuar.

DURACIÓN

Pero cualquiera sea el público o la situación, ¡hay que cuidar el tiempo! Es un recurso limitado, y más aún a fin de año. Todos tenemos tareas pendientes, familias esperando nuestras brillantes ideas para organizar las fiestas en casa y amigos preparando lindos encuentros. Eso además de las urgentes tareas administrativas ineludibles en la oficina. Si está tan estudiado que el cerebro humano puede lograr atención plena solo en periodos breves de 15 a 20 minutos ininterrumpidos, ¿qué hacemos dando vueltas por 40 minutos y adormeciendo a los oyentes?

NADA DE IMPROVISACIONES

Como todo en la vida, si tenemos el encargo o la responsabilidad de hacer algo, hagámoslo bien. Es fácil caer en la tentación de pensar: «Diga lo que diga, todos me van a escuchar y aplaudir porque al final de cuentas soy la directora de la empresa». Pero tantos ejemplos de portavoces o dueños de grandes empresas mundiales nos demuestran que las cosas no son así: generalmente, la gente quiere escuchar lo que Melinda Gates tiene para decir, ya sea en un libro, su blog en Linkedin o en un video de charlas TED.

Hablando de las TED talks, estas son una buena escuela para aprender, aunque sea “mirando”, cómo se puede conducir una charla significativa o efectiva (aunque en nuestro medio existen lugares para formarse en oratoria, una herramienta que ejecutivos de empresas y profesionales de todas las ramas deberían considerar adquirir). Lejos de lo que pudiera parecer, por su gran calidad y naturalidad, los conferencistas TED no improvisan absolutamente nada. Algunos de ellos a pesar de ser expertos en el tema del que van a hablar, se preparan hasta con un año de anticipación para dar una charla magistral que durará ¡no más de 18 minutos!

Si anotamos en el navegador “cómo hablar como un conferencista TED’’, seguro nos caerán muchísimos resultados, cada uno con una lista de tips. Es probable que todos los consejos valgan la pena, pero me imagino que escribir, es decir, redactar el discurso que se piensa dar es algo tan básico que tal vez no se lo mencione en una lista.

Sentarnos a escribir nos obliga a pensar de nuevo sobre un tema que ya conocemos. Y como tenemos la misión de transmitir el mensaje, nos sentiremos obligadas a elegir los términos más claros y precisos para lograr la comprensión de la audiencia. Si el objetivo es más bien provocar emociones antes que hacer reflexionar, cuando escribamos el discurso, buscaremos con más cuidado los ejemplos que arranquen lágrimas, carcajadas o despierten nostalgia. Al redactar, podemos probar cuánto tiempo nos lleva decir lo anotado en dos carillas y cuántos párrafos equivalen a 15 minutos. También podemos cambiar de lugar los párrafos para organizar mejor las ideas y ahorrar al público el sufrimiento de escuchar una “piloteada”.