El eslabón que falta

Como una flagrante incongruencia, se dan en el país dos hechos divergentes. Por un lado, tenemos a la ministra de Turismo abocada a la tarea de promocionar al país como destino de eventos, uno de los renglones más redituables dentro del mercado mundial de viajes. Y por el otro, el Gobierno acaba de frenar la licitación para construir la nueva terminal aérea del Silvio Pettirossi cuya adjudicación está sospechada de irregularidades que la vuelven, según la Contraloría General de la República, nula de toda nulidad. Mientras un alto integrante del gabinete gubernativo convoca al mundo a asistir al Paraguay, otra parte del Gobierno cancela la posibilidad de que en breve dispongamos de un aeropuerto digno del siglo XXI.
El turismo de eventos es uno de rubros con mayor potencial de ingresos por las numerosas actividades centrales y colaterales que se abren durante congresos, seminarios y convocatorias de los más variados asuntos. La Asociación Internacional de Congresos y Convenciones (ICCA, por su sigla en inglés) es la mayor entidad en esta materia que integran alrededor de 11.500 asociaciones pertenecientes a 90 países que manejan unos 24.000 eventos anuales.
Según enumera el ICCA, el turismo de eventos es de por sí un gran negocio y juega un importante papel de apoyo a otros negocios. Además, las reuniones favorecen las inversiones, el comercio, las comunicaciones y las tecnologías. También llevan formación y desarrollo profesional a las comunidades locales creando puestos de trabajo y reteniendo muchos otros. Es una industria “limpia” que promueve la calidad ambiental.

Estas son apenas algunas de las ventajas a las que suman muchas otras. “Por lo general, el turista de reuniones gasta entre cuatro y cinco veces más que un turista corriente y dependiendo de la ciudad, se estima un gasto promedio mínimo de U$S 570 diarios, con una estadía promedio mínima de seis días” reporta Senatur en uno de sus informes. Se estima que entre el 80% y el 90% de los participantes de congresos y convenciones internacionales arriban por vía aérea y el resto por vía terrestre. Tanto llegadas como partidas aeroportuarias se agrupan entre 12 y 24 horas antes del comienzo del evento y 24 horas después de finalizado.

Esto genera una alta concentración de demanda de pasajes y de atención aeroportuaria. De manera que si el Paraguay aspira a incrementar su presencia en eventos internacionales debe cerrar el circuito de oferta con un aeropuerto internacional de primera magnitud que complete la hotelería de alto nivel existente asociada a centros de convenciones de talla mundial, malls y galerías comerciales de primer mundo, gastronomía cada vez más depurada y un clima benigno todo el año. El único eslabón hasta ahora en manos del Estado, una terminal aérea acorde con toda esta infraestructura desarrollada por el sector privado, falta a la cita. Como siempre, un Estado lento, ineficiente y básicamente corrupto, a la zaga de todo.

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