El síndrome de Hubris, la adicción al Poder

Matías Ordeix

Columnista invitaddo

 

Cuando todo comenzó creíamos que eran solo meros intentos, y luego que los mismos no prosperaron, estos terminarían. Pero sin embargo, aparentemente, el Poder si puede llegar a ser enfermizo. No encontraríamos otra explicación de porqué la insistencia de nuestro presidente en ser reelecto. Un ciudadano “exitoso” en números y en poder, previamente a ser elegido, no debería ansiar mucho más, y si así lo hace, nos preguntamos ¿por qué? Sin duda el poder es adictivo. El peso del dinero no es tan poderoso como el propio Poder en sí mismo (House of Cards, claro ejemplo). Pero el poder no es en su esencia malo, sin embargo la potencial embriaguez que el mismo puede generar a las personas que lo ostentan, sí ocasiona un daño grave a la sociedad.

En el 2008, el político y médico británico David Owen publicó el libro “En el poder y en la enfermedad”. Owen fue uno de los pioneros en analizar a fondo el Síndrome de Hubris, o enfermedad del poder. La palabra ‘hubris’ proviene del griego ‘hybris’ (desmesura), en referencia a las acciones crueles, vergonzosas y humillantes que los poderosos cometían por mero placer, volviéndoles rígidos, egocéntricos, prepotentes y en el fondo irracionales.

El síndrome de Hubris es típico de quienes llegan a ostentar el poder en el campo político, militar, religioso, empresarial, deportivo o en otros entes con autoridad sobre grupos de personas, y lo padecen casi todos los que han adquirido mucho poder sin estar dotados de la necesaria autocrítica ni de las condiciones para manejarlo, y si se consigue en poco tiempo, peor. Una persona intoxicada por el poder puede tener efectos devastadores. Para Franklin Roosevelt, “el poder es peligroso, enlentece la percepción, nubla la visión, aprisiona a su víctima, por muy bien intencionada que sea, y la aísla en un aura de infalibilidad intelectual contraria a los principios democráticos”.

Intentando ser imparcial, reconocemos avances importantes en la gestión del Gobierno actual. Creemos que a nivel macroeconómico (y comparado con la región) nuestro país está haciendo bien las tareas. Se han mejorado niveles de inversión en infraestructura y fomentado la venida de capitales extranjeros. Se ha hecho un trabajo de transparencia. Sin embargo, este tipo de intentos personales reeleccionistas tiran por la borda su nivel de percepción popular. ¡Dejemos de insistir en torcer la Constitución y presionar a como dé lugar para intentar una Reelección!

Que no nos recuerde y haga pensar en los penosos populistas atados eternamente a sus cargos como Chávez, Maduro, Kirchner y otros tantos, que ciegos ante el poder han destrozado sus países. Si el presidente ha hecho una buena gestión, y debe terminar, dejemos que el próximo haga igual o mejores tareas. No es el momento para plantearnos reelecciones, quizás en el futuro, pero no hoy.

Apelamos a la cordura, a lo que realmente dice la gente. Estamos esperanzados en que el síndrome de Hubris sea solamente un resfrío pasajero, y no una compleja enfermedad. Creemos que la cordura primará sobre la fantasía. Todos queremos hacer del Paraguay un lugar mejor para vivir, un país más justo y con crecimiento. Por favor señor Presidente deje de insistir, que su imagen se está yendo al piso. Salga por la puerta grande y dejando un camino trazado, una huella positiva para sus sucesores. Agradecidos le estaremos todos.

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