Candidaturas y responsabilidades

Héctor Sosa Gennaro

Socio del Club de Ejecutivos

Ante la inminencia del proceso eleccionario para los cargos públicos más importantes de la República, nuevamente nos encontramos ante la disyuntiva de la elección del candidato que sea más apto para ocupar, tanto la más alta magistratura como las funciones de vicepresidente, gobernadores, concejales departamentales, Senadores y Diputados. Todos estos cargos son de trascendental importancia para el devenir del país.
La falta de líderes en la sociedad que puedan capitalizar el electorado hace que el proceso de masificación, que afecta a gran parte de Latinoamérica, impida la adecuada selección de candidatos potables para el pueblo.
Además, la crisis de las ideologías provocadas por la irresponsabilidad de los “aspirantes a políticos” que se encuentran al frente de los partidos, que para la selección de los candidatos consideran aptitudes que están muy lejos de ser las adecuadas para los requerimientos actuales, puesto que generalmente no tienen la más mínima idea de la doctrina política que sostienen los movimientos, agravado esto por un electorado que tampoco considera esos principios para la elección de los candidatos.

En efecto, se debe tener en cuenta que la ideología es el pilar principal en el que se fundamenta una propuesta para el pueblo. En las ciencias sociales, una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. La ideología es el sumun o conjunto de ideas sobre costumbres, cultura, ideas, emoción; sentimiento, etc., que es sostenida y defendida por un determinado grupo.
El derecho del Sufragio impone una gran responsabilidad al elector, el cual debe tener la debida capacidad para cumplir con dicha obligación. En la doctrina jurídica, la capacidad es la aptitud para adquirir derechos y contraer obligaciones. El problema que se suscita en este caso, es que para cumplir con la citada definición, es necesario un conocimiento elemental que permita discernir y calificar debidamente la aptitud de un candidato para ejercer un cargo.
Es importante destacar el antiguo dicho de que un líder nace, no se hace, lo que quiere decir que una persona que pretende esta cualidad debió ser un individuo que ha tenido una determinada trayectoria en cuanto a su vocación de servicio, su espíritu de colaboración, su honor y reputación. Todo esto sin olvidar la coherencia en sus actos, lo que es absolutamente determinante. Ya hemos tenido ejemplo de candidatos que han violentado principios básicos de ética y moral, y vimos a costa del pueblo, cómo han terminado. La única forma de imponer “candidatos mesiánicos” es a través del dinero o de la fuerza. Y ya sabemos por la experiencia que lo único que ello provoca es anarquía y desbordes que concluyen irremediablemente en una catástrofe política, en donde el único que sufre es el pueblo que queda postergado en sus objetivos y sus sueños de una patria ideal.
Rousseau, en su obra el Contrato Social, dijo “el ser humano, a pesar de disfrutar de ‘libertad’, no reconoce las diferentes cadenas ‘invisibles’ o ‘sutiles’ que lo esclavizan”, sosteniendo además que “de la fuerza no nace el derecho, ni de la obligación el deber”. Obviamente estas ideas que trascendieron en el tiempo son fruto de un análisis profundo del comportamiento político del hombre.
Hoy no podemos caer en el supuesto modernismo de que los partidos políticos son obsoletos y sus principios fuera de contexto y que los mismos deben ser actualizados por caducos e impracticables. Como ya dijimos antes, justamente las ideologías partidarias son frutos del consenso del pensamiento, costumbres, principios de sus miembros, por lo que resulta imposible o por lo menos riesgoso mezclar las ideologías por una simple realidad práctica. De hecho también hemos tenido alianzas de partidos políticos en nuestro país, cuyas consecuencias fueron tan graves, que en la actualidad no existe ninguna intención, por lo menos por parte de los partidos políticos tradicionales, de formar alianzas con candidatos “estrella“.
Como situación anecdótica corresponde mencionar la pregunta realizada por un gran humorista argentino Luis Landriscina, a los comensales, entre ellos políticos, ¿por qué se dice: Honorable Cámara de Senadores y Honorable Cámara de Diputados? Al no responder nadie, el mismo acotó que Honorable viene del latín Ad Honoren, “porque a la Patria no se le cobra, están allí trabajando por y el Soberano, es decir El Pueblo”. Estos son los principios y los conceptos que se han perdido y deben necesariamente ser rescatados del olvido

También podría gustarte