El negro universo de la corrupción

“Si alguien cree que la transparencia es cara, que pruebe con la corrupción”. Tomamos prestada –y adaptamos- la famosa frase de Derek Bok, ex presidente de la Universidad de Harvard, quien advirtió que si se cree que la educación es cara, todo es cuestión de probar con la ignorancia. Algo parecido ocurre con aquello de la honestidad. ¿Qué faceta de su condición lleva al hombre a preferir el camino más tortuoso y oscuro para perseguir sus fines en lugar de preferir la “ancha e iluminada avenida del medio”? Incluso moviéndose en los negocios más rentables y seguros del mundo, la tentación del camino torcido termina seduciendo a grandes hombres y mujeres a cargo de megaempresas. Brasil es un laboratorio a cielo abierto de estas conductas disfuncionales y tramposas. Tomemos el primer caso: la estatal Petrobras cuyo valor de mercado pasó de 510.300 millones de reales (125.978 millones de dólares) en 2008 a 73.700 millones de reales (18.194 millones de dólares) en 2014, es decir, experimentó una caída del 84% en el periodo señalado. ¿Qué produjo esta debacle?.

Las investigaciones impulsadas por la Fiscalía General de Brasil hallaron que directivos de la petrolera habían montado una red de corrupción que se dedicaba al desvío de fondos públicos, a fraguar contratos ilegales y a pagar sobornos que iban a bolsillos de políticos y empresarios, quienes a su vez los transferían a cuentas en paraísos fiscales. Entre 2.004 y 2.014, la organización se había apropiado de más de US$ 2.000 millones para beneficio propio. Otro escándalo, el de la mega constructora Odebrecht, que en ocho años invirtió más de US$ 3.200 millones en “propinas” (sobornos) para adjudicarse, una tras otra, licitaciones estatales. La pregunta que cabe es: Si pudo pagar semejante cantidad sólo en sobornos, ¿qué montos alcanzarían las ganancias de la empresa?.

En abril de 2015, el balance de Odebrecht arrojaba un ingreso bruto de R$ 107.700 millones (US$ 45.800 millones) con un crecimiento del 11% respecto al periodo anterior. Con semejantes estados contables, dedicar el 7% de sus ingresos a pagar sobornos y asegurar licitaciones no parece mucho. De todas maneras, ante las evidencias de corrupción, los contratos comienzan a caérsele de las manos y muchas de sus obras en diversos países tienen cancelados los permisos. La tercera híperempresa caída en desgracia, la cadena cárnica JBS, está siendo desguazada y sus pedazos adquiridos por otras empresas del sector. La delación premiada a la que se acogió su presidente estuvo a punto de hacer caer al presidente Michel Temer aunque la potencia del golpe no bastó, hasta ahora, para concretar esa macabra obra.
Aquelarre de sobornos, traiciones y delaciones, encumbramiento meteórico de empresas y empresarios, quiebras fraudulentas y apocalípticas que arrastran a veces la economía de los países más vulnerables… Este es el oscuro mundo de la corrupción, la contracara de muchas de esas historias de éxito rimbombante que con rostros sonrientes nos acechan desde las paginas de sociales y de las revistas de negocios

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