La gran fraternidad de fanáticos de las criptomonedas

Bloomberg 

La última vez que Marc Kenigsberg viajó a Londres, envió un mensaje por WhatsApp a sus amigos de criptomonedas para preguntar quién estaría cerca. Uno de los muchachos del chat ofreció recogerlo en el aeropuerto.

En el viaje de una hora a Cambridge, hablaron sobre cómo el dinero virtual causaría la misma revolución en el sistema financiero que la que provocó el correo electrónico en los servicios postales.

“Llegué a bitcoin por la tecnología, pero cuando realmente me enamoré de bitcoin fue cuando conocí a la gente que también ama bitcoin”, dijo Kenigsberg, un sudafricano de 38 años. “Nunca había conocido a una comunidad que fuera tan acogedora, generosa u honesta”.

El mundo exterior los ve como hermanos, y algunos de hecho encajan en el estereotipo de anarquistas que tratan de aplastar a los bancos centrales del mundo durante el día mientras se van de fiesta a clubes nudistas por la noche. Pero muchos rechazan esa escena y son, por sobre todo, estudiosos fanáticos, impulsados por la pasión de llegar a convertir la codificación, el libro mayor y las matemáticas complejas en una tecnología revolucionaria.

Esperan cambiar drásticamente el mundo para mejor y liberar el dinero del control de una élite gobernante. A algunos ni siquiera les interesa hacerse ricos en el proceso. Prefieren hacer “hodl”, que en la jerga de las criptomonedas significa no vender sus inversiones, sino mantenerlas.

Es un grupo que también es abrumadoramente masculino. Y esa hermandad es un arma de doble filo.

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