Ludificar la Educación

Cuando hablamos de educar, jugar es un asunto serio.

Por Bruno Vaccotti
@peztresojos
Junior Achievement Paraguay 

Centrarnos en la imagen de un docente en frente a un aula repleta de alumnos es quizás una de las estampas más antiguas y a la vez más presentes de la educación. Hace unos 20 años, varias de las empresas más innovadoras del mundo comprendieron que los videojuegos iban mucho más allá que un pasatiempo para niños, niñas y adolescentes.

Los juegos tienen la capacidad de fi­delizar, de empoderar, de influenciar en distintas aristas del comportamiento, de proponer una nueva manera de pensar, de generar un aprendizaje significativo, experiencial y práctico. Los procesos lúdicos permiten que los estudiantes se involucren de manera integral en su proceso educativo, donde logran adquirir otra perspectiva del aprendizaje y asimilan conceptos de mejor manera, debido a una premisa básica: No están concen­trados en aprender, sino en divertirse.

Los seres humanos están codificados para competir, manifiesta Jane McGonigal, auto­ra de videojuegos aplicados a procesos edu­cativos. No hablamos aquí de acciones com­plicadas que requieren tecnología de punta, simplemente hacemos referencia a la uti­lización de elementos propios de los juegos en acciones no recreativas, con el único fin de potenciar la motivación, de manera a empoderar a los estudiantes para que, al final del día, sientan satisfacción porque han progresado en algo que les interesa.

Empresas como Google han descubierto que, a través de juegos, sus búsquedas laborales han resultado más efectivas. En un mundo donde todos jugamos ¿por qué no convertir todas nuestras actividades cotidianas en un juego? No solamente nos permitirá luchar contra realización mecánica de tareas y acciones, sino que nos mantendrá más atentos y motivados porque, a veces realizamos actividades por compromiso u obligación, pero cuando jugamos, siempre lo hacemos para ganar.

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