Acueducto: ni los romanos tardaban tanto

La única novedad: a la empresa adjudicataria del primer tramo del acueducto chaqueño le robaron una retroexcavadora de 25 toneladas. Como se lee.

La última noticia que se tiene del acueducto chaqueño es sorprendente. No se trata del grado de avance de las obras, su puesta en servicio, sus costos, población beneficiada, etc. No. La novedad es que a la empresa adjudicataria del primer tramo le robaron una retroexcavadora de 25 toneladas.

¿Cómo se roba semejante trasto, qué se hace con él, a donde se lo lleva y quien compraría una cosa de esas sin ser descubierto en el acto? Sería como robarle el elefante a un circo. Las demás noticias sobre esta obra singular –por su atraso inexplicable- nos retrotraen a principios de año y aún antes.  El acueducto, en sus cuatro secciones, fue adjudicado en 2012 para estar listo y operacional a fines de 2013. Pasaron seis y la obra no tiene visos de entrar en servicio antes de 2020. Los romanos emplearon 11 años en construir el acueducto de Segovia, hecho con bloques de piedra de 2,5 toneladas, 18 kilómetros de longitud, tramos de hasta 28 metros de altura y que después de dos mil años, terremotos de por medio, sigue entregando agua a la ciudad.

Nadie pretende que los ejecutores del acueducto del Chaco emulen a los romanos, que dejaron, además de un servicio público, una obra de arte que está entre las más visitadas de Europa. Pero por lo menos deberían estar en condiciones de enterrar unos caños y conectarlos a una red de distribución que según los términos de la licitación debe servir a unos 70.000 habitantes del Chaco central, 40.000 de ellos de comunidades originarias. Pero, ya sea por mal diseño, ineficiencia, corrupción, fenómenos naturales o simple desinterés, el acueducto está inconcluso. Los menonitas siguen tomando agua de lluvia y los originarios, de donde pueden.

Veinte siglos atrás y con tecnología rudimentaria, los romanos lo hacían mejor.


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