Contrabando y lavado van de la mano

Como en el lavado de activos, el Gobierno no muestra liderazgo y compromiso convincentes en la lucha contra el contrabando de cigarrillos.

Es curioso, pero al igual que la niebla que rodea las operaciones de lava­do de activos, las expor­taciones de tabaco y de­rivados están cubiertas de la misma opacidad, estadísticas contradic­torias y silencio oficial que no dejan sino el recurso de la sospecha fundada para intentar cerrar algunas cifras.

Según la Dirección de Aduanas, entre los veinte primeros expor­tadores considerados a noviembre de 2018 figuraban ocho procesa­doras de soja, ocho fri­goríficos, tres fabrican­tes de autopartes, una empresa de logística… y ninguna tabacalera. El Banco Central reporta­ba, bajo el rubro “taba­cos”, US$ 11,2 millones exportados a Uruguay, EE.UU. y Alemania, pero sin especificar qué tipo de producto. Este vacío estadístico puede explicar el hecho de que el Paraguay sea conside­rado uno de los focos de falsificación y contra­bando de cigarrillos más grandes del mundo. Según datos difundidos recientemente, uno de cada nueve cigarrillos fumados en el mundo es ilegal. La Organi­zación Mundial de la Salud (OMS) considera que en torno a este inmenso negocio ilícito se consolidan facto­res extrafiscales, una gobernanza débil, altos niveles de corrupción, compromiso insufi­ciente de los gobiernos para combatir el tabaco ilícito, administraciones aduaneras y fiscales in­eficientes y la existencia de canales ilegales de distribución de produc­tos derivados del tabaco.

Al igual que en la lucha contra el lavado de dinero, el Gobierno no está mostrando lide­razgo y compromiso convincentes para combatir el contrabando de cigarrillos, ríos de dinero que consolidan cacicazgos políticos, compran conciencias y comprometen seria­mente nuestra solidez institucional. Nuestra credibilidad como país cumplidor de la palabra empeñada queda, así, profundamente dañada.

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