Recetas para desconectarse

Por Stephanie Hoeckle
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Me encanta cocinar, a tal punto que en un momento de mi vida decidí estudiar y recibirme de chef pastelera. No sé qué tendrá que ver la pastelería con las relaciones públicas, pero es claro que en ambas profesiones hay que saber combinar ingredientes y dominar técnicas. En mi caso, una actividad se convirtió en una manera de descansar de la otra.

Llegar a casa y poder dedicarme a elaborar cosas deliciosas como un crumble de manzana para compartir con mi familia o amigos, tiene un efecto terapéutico. Pese a que luego habrá que lavar los utensilios, sacarse de encima la harina y cuidar el tamaño de la porción para evitar culpas, preparar algo dulce me trae paz. Por supuesto que no es cosa de todos los días, pero, cuando lo hago, logro eso que hoy cuesta tanto: des-co-nec-tar-me. Lo digo silabeando, porque así es como esa palabra se va apoderando de mí en la cocina, ¡ni siquiera el celular puedo atender cuando tengo las manos en la masa! ¿No es genial?

Hay que aprender a desconectarse. Cada vez que charlo con mis amigas nos quejamos del insomnio y de lo complejo que resulta ponerse en “modo apagado” una vez que llegamos a casa. Es cierto, la mayoría terminamos la jornada laboral y seguimos pegadas a los celulares. Algunas respondemos emails, llevamos tarea que no pudimos terminar y, lo que es peor, continuamos pensando en los pendientes aún teniendo un montón de cosas que hacer en la casa. Sin darnos cuenta, permitimos que los límites de la vida laboral y del hogar se confundan. ¿El resultado? Nuestra relación con los demás se resiente, nos cuesta conciliar el sueño, estamos cansadas, nos duele la cabeza y parece que nuestra mente nunca alcanza el reposo.

Todo empieza con un pijama
Por fortuna, las charlas con amigas también son enriquecedoras y ante los problemas siempre surgen propuestas o experiencias inspiradoras. Si el reto es cambiar el chip, como dicen hoy, y desenchufarnos, hay rituales muy sencillos y económicos que no necesariamente exigen pagar un spa o un crucero por el Caribe, que es lo primero en lo que pensamos cuando estamos estresadas.

Por ejemplo, tengo una amiga para quien la mejor manera de empezar la rutina de entrecasa, al llegar a la noche luego del trabajo, es ponerse el pijama. Aclara que no se trata solo de enfundarse en ropa cómoda. Para ella, prepararse para descansar exige vestirse para la ocasión. Por eso invierte en pijamas lindos, de dos piezas y de satén, una tela que siente como una caricia. Es más, todos sus pijamas tienen que ser de color azul o blanco, porque son los tonos que le transmiten serenidad. Me pareció que tenía un TOC cuando la escuché contarlo, pero luego pensé: “Y si eso le resulta, ¿por qué no probarlo?”.

Recursos simples
Un pijama puede ser tan solo uno de los recursos a los que podemos recurrir para que nuestro cerebro marque la transición entre el horario laboral y el horario personal. Pero hay muchas otras estrategias igual de simples, como, por ejemplo, prepararse una limonada con jengibre y miel bien fría y sentarse en una hamaca en el jardín a beberla tranquilamente. “Es lo que más me gusta hacer al llegar a casa del trabajo”, me cuenta otra amiga.

Para otros, una manera de desenchufarse es volver casa caminando o en bici (siempre que sea posible), o escuchar su playlist de favoritos mientras manejan. Y ahora que está Netflix en la televisión, ¡qué fácil es engancharse a alguna serie! No veo la hora de que empiece la tercera temporada de The Crown para sumergirme en la trama.

Para los que disfrutan de leer, retomar la lectura de un libro y acabar otro capítulo apenas se llega a casa, puede ser una forma de dejar atrás completamente el mundo de la oficina y adentrarnos en el mundo de la ficción.
En otras palabras, para distendernos, no necesitamos hacer grandes cambios, tan solo dar prioridad y espacio a aquello que nos brinda placer. Las pequeñas cosas que nos hacen bien muchas veces están en casa, no siempre necesitamos ir más lejos.
Aunque entre semana sea algo difícil encontrar un tiempo para reunirse con amigos, un after office también es una excelente manera de relajarnos, compartir anécdotas y reírnos con la gente que apreciamos. Si tenemos hijos o sobrinos, ¿por qué no organizar un campamento en la sala y dormir todos bajo una improvisada carpa hecha con sábanas y colchones? Hay que encontrarle el gusto a la vida. Los ingredientes están a mano y no hace falta ser una chef para utilizarlos. Vos sos la creadora de tu propia receta.

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