Silencio y duelo

Es lo que debería hacer la Iglesia Católica.

Sin ir más lejos
Por Cristian Nielsen

Personalmente, me importa muy poco lo que el papa –este o el que venga- diga sobre cualquier aspecto de la vida diaria de las personas. Para mí es una opinión más pero que no fija doctrina sobre nada.

Los parámetros de convivencia ya los hemos establecido en un contrato social llamado Constitución del cual derivan todas las normas que nos rigen como República. ¡Ah! dirán los católicos, pero la suya es una visión desde lo moral, desde lo ético. ¿Cómo? ¿Ético, moral…? ¿En la iglesia católica…?

A ver. Si estamos hablando de un conglom­erado que funciona como aguantadero de pederastas, violadores y abusadores de poder que calzan sotana, flor de referente moral. Si nos referimos a una corporación llena de sacerdotes progenitores vergon­zantes que deben esconder su condición por mandato canónico, qué ejemplo de ética.

La “santa” iglesia llama sacrílegos a esos hijos, horror que pone a la vida humana por debajo de símbolos “sagrados”, un cáliz, una cruz, una estola… Bonita defensa de la vida.

Mientras tanto el papa volvió en estos días a las andadas al decir que comprendía la “angustia” de una niña violada y embarazada, pero que eso no justifi­caba la contratación de un sicario.

O sea que al papa le importa un bledo que una junta médica dictamine que si la niña continúa con la gestación, su vida corre peligro, motejando de paso al cirujano de asesino a sueldo. En suma, que se muera dando a luz si es el caso.

Linda valoración de la vida. Un aplauso para el papa. Los países centrales han abandona­do hace rato este callejón medieval, dando a quienes se rigen por sus reglas la oportuni­dad de resolver conflictos de forma racional y no subordinados a un vasallaje místico.

Hasta que desagote sus sentinas de tanta agua negra, la iglesia católica debería llamarse a silencio y hacer duelo. Carece de autoridad para levantar el dedo admonitor.

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