Un lujo que el Paraguay no puede darse

No podemos emitir señales equívocas respecto al compromiso asumido en la lucha contra el lavado de activos provenientes del crimen organizado".

Hay un lujo que el Estado paraguayo y sus institu­ciones de regulación y vigilancia financiera no pueden darse. Y es emitir señales equívocas respec­to al compromiso asumido en la lucha contra el lavado de activos provenientes del crimen organizado. El país se juega mucho en este capítulo.

La noticia de que en Brasil se investiga el origen y destino de un caudaloso torrente de divisas desde el Paraguay hacia Brasil está exponien­do un abismo de corrup­ción de dimensiones aún insondables. La vastedad y las ramificaciones de este delito financiero han puesto a temblar a muchos ya que por el momento es imposible cuantificar el tamaño de estos negocios que, según el protagonista local del escándalo, es legal y cuenta con autorizacio­nes del Banco Central del Paraguay.

Pero una cosa es tener papeles del BCP y otra muy diferente que las copiosas transferencias se encuadren en las normas internacionales de vigilan­cia. No hace falta leer las “40 recomendaciones del GAFI-FATF” para tener una idea clara de lo que se bus­ca con ese compromiso. Una de ellas recomienda velar porque los responsa­bles de la formulación de políticas de inteligencia financiera, las autoridades de aplicación, los supervi­sores y otras autoridades competentes pertinentes tengan disponibles meca­nismos que les permitan cumplir acabadamente con su misión.

¿Lo hemos hecho nosotros? ¿Hemos completado la legislación que estaba faltando? ¿Qué podremos mostrar en se­tiembre próximo cuando el GAFI instale en Asunción su mesa examinadora? ¿Qué le diremos, que la prensa miente, magnifica y distorsiona? ¿Qué las inves­tigaciones del “Lava Jato” son una operación política?

Asumir compromisos internacionales es de gente madura, no es cosa de adolescentes. Y mucho menos, por supuesto, de delin­cuentes financieros.

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