El clima político y la valoración del desempeño

¿Y los paraguayos? No tenemos la más mínima idea de lo que puede pasar en el 2023, ni con la política ni con la negociación de Itaipú. Estamos dejando todo para después. No sabemos adónde vamos

Humor social
VÍCTOR RAÚL BENÍTEZ GONZÁLEZ
@VICTORAULB
PROFESOR DE LA FUNDACIÓN GETULIO VARGAS

Tengo una idea. Además de anali­zar el débil escenario económico, tal como se me antojó hacerlo en la semana pasada, también es im­portante medir el humor social, y evaluar el desempeño político. Estas tres cuestio­nes, que pertenecen a las dimensiones económicas, sociales y políticas, respec­tivamente, son variables que se retro-alimentan de forma recíproca y circular. Valgan las redundancias. ¡Es la Economía + la Política + lo Social = Estúpido!, diría James Carville, asesor de Clinton, si estu­viera ahora, visitando el Mercosur.

Siguiendo las típicas recetas de las empre­sas investigadoras de climas de opinión, valoración del desempeño de políticos e in­tención de votos, me quiero permitir hacer algunas reflexiones. Primero lo primero = ¨First things first¨, el título del libro de L.G. Alexander, me recuerda que debo descon­fiar de las firmas de mercados electorales en el Paraguay. Sobre todo, luego de las últimas elecciones, donde diferencias de alrededor del 30 % en las encuestas, entre los dos candidatos mejor ubicados, termi­naron en 3,7 %, en el conteo final de votos. Hubo una serie de encuestas hechas a la medida, para generar un efecto halo alrede­dor del ¨ya ganó¨. Como decía Dan Kanhe­man, Premio Nobel de Economía, de pro­fesión psicólogo, aplicable a la victoria de abril del 2018: ¨una narrativa convincente fomenta una ilusión de inevitabilidad¨. Al final de cuentas, las creencias tienen con­secuencias sin importar su verdad. Cuida­do con las falacias narrativas, las evidencias silenciosas y las arrogancias epistemológi­cas, nos advierte Nicolas Nassim Taleb, en su libro ¨La Lógica del Cisne Negro¨.

Sobre todo, debemos cuidarnos de las que son generadas con mala intención, por algunas empresas investigadoras de ¨in­tención¨ de votos. La gente vota solo por tres razones. El ¨voto castigo/contra algo o contra alguien¨, el ¨voto miedo¨ y el ¨voto esperanza¨. Ejemplos del voto-contra son el ¨voto Bolsonaro¨ y el ¨voto Macri¨. Ambos, estuvieron mixturados con el voto miedo, del PT en el Brasil y del peronismo progre­sista en la Argentina. El voto esperanza es el de AMLO en México en el 2018, el de Lula en el Brasil en el 2003 y el de Lugo en Para­guay en el 2008.

Además, todo período de gobierno debe ser considerado como el vuelo de un avión. El despegue y el aterriza­je son los momentos de mayor riesgo. Los políticos deben aprender a pensar como piloto: el despegue es opcional, el aterrizaje es obligatorio. Macri y Ta­baré V. están por aterrizar. Momento de riesgo. Abdo Benítez y AMLO están en el despegue. Riesgo moderado. De­berían acelerar la máquina al máximo, sobre todo en la ejecución de las obras públicas, y hacer los cambios rupturis­tas en el primer año, para poder ganar altura y estabilizar el vuelo. El más vivo es el Evo, el presidente boliviano, quien no quiere aterrizar, tiene buen desempeño, viola algunas normas constitucionales y está consiguiendo abastecimiento en pleno vuelo.

Los tópicos de manual, indagados por los expertos en climas sociales, económicos y políticos, suelen ser los siguientes: 1. Valora­ción del desempeño del Pte. y su gabinete; 2. Optimismo vs Pesimismo de cómo le irá a la gente en el corto y mediano plazo, ¨cómo veo mi futuro personal¨; 3. Cómo se ve la economía, bien o mal; 4. Cuál consi­dera que es el principal problema del país: economía, seguridad, corrupción, desem­pleo, pobreza, educación, salud, etc. 5. Si las elecciones fueran hoy, a quién le votaría para Presidente, suponiendo que el actual satisface o no las expectativas.

A ojímetro, supongo que lo esperado con relación al punto 1, tiene un sesgo de sobre-exigencias y escasa paciencia por parte de la ciudadanía, por aquello de que no se lo votó precisamente al escogido. Era más un voto-contra, para neutralizar a los con­tendientes que perdieron, en las internas como en las nacionales (Santiago Peña/HC, Alegre/Leo Rubín). Por otro lado, un nuevo gobierno, como el de Abdo B., lleva la sobre­carga de tener que demostrar que no solo puede gobernar distinto, sino que, puede gobernar mejor. Y eso todavía no se ve.

El gobierno actual quizá no se dio por en­terado de que debe aplicar políticas públi­cas de ¨segunda generación¨, que son las únicas que pueden superar los límites del ¨pico distributivo¨ que pudieron lograr las políticas anteriores, de ¨primera genera­ción¨, aplicadas por los gobiernos de NDF, FL e incluso HC. Ej.: el fortalecimiento de los fundamentos macroeconómicos, ini­ciado por Borda. Llegó la hora de innovar, imaginar políticas públicas capaces de superar el piso del desarrollo económico y social de los años anteriores. Sobre los puntos 2 y 3 relacionados con la economía nacional y personal, el panorama no es alentador. Ingresando al punto 4, aunque no lo crean, y a pesar de la prensa que cree y quiere hacer creer que la corrupción es la primera prioridad en la mente de los ciudadanos (en realidad solo es la que más escándalo genera, y vende morbo), pero ellos no están ni ahí con ese tema. Por lo general, la economía, el desempleo y la pobreza, están primero en el imaginario colectivo. En cuanto al punto 5, ¨a quién votarían si las elecciones fueran hoy¨, el Brasil le tiene a Ciro Gómez y a Joao Doria, como alternativas progresistas y conserva­doras, respectivamente. Argentina le tiene a CFK para presidenta, disfrazada de vice, y al continuismo de Macri/M.E.Vidal, en una ¨elección sin elecciones¨ – tal como lo dice Martin Caparrós en uno de sus artículos para el NYT. Sospecho que la ¨no alterna­tiva¨, podría llevar a un golpe de Estado, no violento, luego de las elecciones, gane quien gane, de estilo parlamentario, como suele acontecer.

El caos argentino puede instalarse, hasta que sea llamado algún político ¨salvador de la patria¨, de alguna de las provincias del tipo ¨califato¨ (escaso territorio y poca po­blación: San Luis, La Rioja, etc). A no ser que aparezca el economista Lavagna, corriendo desde atrás, y se lleve todo por delante.

¿Y los paraguayos? No tenemos la más mí­nima idea de lo que puede pasar en el 2023, ni con la política ni con la negociación de Itaipú. Estamos dejando todo para des­pués. No sabemos a dónde vamos. Al estilo Alicia en el País de las Maravillas: cualquier camino sirve. No sabemos leer la realidad. Tampoco tenemos candidatos ¨¡Uauu!¨ para suceder al Pte. actual. Nos burlamos de nosotros mismos, con la exclamación malhablada ¨desatrekomarito¨.

La política de estilo glifosato, que no deja crecer nada a su alrededor, no permite un cambio generacional, en los partidos tradi­cionales. Nada se renueva en el Paraguay. Es el país del ¨eterno retorno¨ de Nietzsche. La salida de Amarilla, la vuelta de Payo y el asado del fin de semana son las prioridades en todo el horizonte de nuestro limitado futuro. Para la mayoría, pelearla día a día, sobreviviendo la pobreza. Luego, como sentido de designio colectivo, vendrán las colectas de Teletón y sus comilonas, las polladas para ayudar a algún enfermo, el problema de las inundaciones, la rabia hacia los damnificados que invaden los ¨espacios verdes¨, el hartazgo de los cui­dacoches, la argelería contra los limpiavi­drios, los baches, la deprimente actuación de la albirroja y el próximo Black Friday. La calidad del humor social es lamentable. Y así, no da gusto.

También podría gustarte