Marito El Manso

El presidente tiene problemas crecientes para controlar a su tropa, lo cual hace que lo pongan en situaciones vergonzantes.

Por Juan Torres | Periodista | Política

 

Silvio Ovelar, uno de los referentes del oficialismo, nos regaló la frase de la semana: “Marito no es un líder débil, es manso. Así como lo fue Jesucristo”

 

Con esas declaraciones, probablemente sin mala intención y sin darse cuenta, expuso públicamente al presidente, quien ya carga dicha reputación como lastre. En las páginas de un libro como el Nuevo Testamento, perdonar sin límites o poner siempre la otra mejilla puede sonar altruista, pero en el mundo del poder real eso es algo que no suele valorarse, al contrario, se desdeña.

 

Por cultura política y, además, por un factor generacional, gran parte de los políticos de mayor peso en Paraguay se ven desorientados y ansiosos ante alguien que no es claro y directo en sus bajadas de línea y que, básicamente, les deja hacer lo que quieran. Responden mejor a liderazgos más verticales en donde el objetivo y la estrategia les son marcados por la cabeza del proyecto, en este caso, del gobierno. Se valora la capacidad del líder para “alinearlos” haciéndolos sentir parte de una manada que infunde respeto y, mejor aún, miedo.

 

La frase de Ovelar debería enojar a Abdo Benítez porque su supuesta “mansedumbre” es aún más humillante que la debilidad. Implica que es una persona dócil y a la cual es posible “someter y domesticar”. Podría incluso sugerir que inspira compasión y ganas de protegerlo. Nada más alejado de las “virtudes” que los viejos zorros de la política local buscan en alguien para poder darle el título de “Omanda Kuaava”

 

Solo en la semana pasada, el presidente fue avergonzado por Patricia Samudio, presidenta de Petropar, a quien se le ocurrió festejar el día del niño con modelos y figuras mediáticas trasladándolos en un avión de la Fuerza Aérea. Más allá del costo y de quiénes hayan pagado, deberían haberse dado cuenta de que iba a generar sospechas e indignación en muchos. Asimismo, el ministro de Educación, Eduardo Petta, sacudió las redes sociales acusando al senador Silvio Ovelar de “pedir su cabeza a sus espaldas”.

 

Da la impresión, observando todo desde afuera, de que no existen consecuencias para los errores o las metidas de pata de nadie en este gobierno. Es probable que el presidente tenga una personalidad que rehúya al choque directo, a tomar decisiones drásticas y a marcar límites con firmeza. Sé que es algo que debe ser desagradable cuando se trata de personas a las cuales se aprecia, pero si no es capaz de hacerlo no debería estar ejerciendo el cargo más importante de la República.

 

No estoy diciendo que, en mi cosmovisión, todo lo que expliqué sea la mejor manera de ejercer el liderazgo político, estoy describiendo con frialdad cómo funcionan las cosas en nuestro país teniendo en cuenta el nivel de evolución social y cultural en el que estamos. Hay una nueva generación que pisa fuerte y, en unos años más, empezará a ocupar los puestos de poder de Trato Apu’a, Kale o o el propio HC, pero, por ahora, es ese clan el que todavía manda. 

 

La horizontalidad en el liderazgo es buena, pero si el líder termina convirtiéndose en uno más del grupo, su rol pierde sentido y se busca a alguien más que pueda llenar el vacío. Ése es el gran peligro para el presidente. Lastimosamente para él y para nosotros, no gobierna Suiza o Noruega. Somos aún una sociedad en la que las masas se mueven al pulso de cierto instinto de supervivencia y no por valores republicanos.

 

Por otra parte, el uso cínico de figuras bíblicas y de la religión en general es indignante y también preocupante. A la desafortunada comparación de Abdo Benítez con Cristo, se sumaron los dichos descabellados de la Senadora María Eugenia Bajac- uno de los seres más repulsivos que haya pisado jamás el Congreso de la República- quien afirmó que “la crisis que vive Paraguay empezó cuando el gobierno decidió trasladar la Embajada paraguaya en Israel de Jerusalén a Tel-Aviv”. “Es un castigo divino porque Jerusalén siempre fue la capital de Israel”. El castigo, divino o no, es que usted sea Senadora.

 

Y el fenómeno, una vez más, es importado de la alt-right de EE.UU. Hace pocos días, Donald Trump, mientras hablaba con la prensa, decidió mirar al cielo y decir que era “el elegido”, comparándose con Dios. Unas horas antes, había retuiteado a un pastor extremista que lo describía como “el Salvador de Israel y la encarnación de la segunda venida de Cristo”. Un delirio populista y mesiánico propio de republiquetas bananeras. Al día siguiente se dio cuenta de que no había caído muy bien en amplios sectores de la población y no le quedó otra que aclarar que no había querido decir lo que dijo, ya que muchos empezaron a cuestionar su propia estabilidad mental.

 

En este mundo peligroso y absurdo de populismos conservadores y nacionalistas al que se suma la amenaza de una recesión mundial, es necesario tener alguien al frente del barco que nos transmita fortaleza, racionalidad y previsibilidad. Marito necesita encontrar ese fuego interior que lo sacuda y que demuestre a todos que es él quien está al mando, pero mientras el pueblo le dé la espalda, seguirá siendo rehén de unos cuantos votos en el Senado. Tuvo tiempo y varios le aconsejaron en quiénes respaldarse para gobernar, pero prefirió escuchar a su círculo rojo plagado de gente con dobles lealtades. Así terminó, por ahora, acorralado y manso.

 

📷 Agencia IP

 

 

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