Yaguareada con premio

Delata, delata, que algo queda …

Sin ir más lejos
Por Cristian Nielsen

Está empezando a hacer carrera entre algunos legisladores la idea de importar de los sistemas judiciales de Argentina y Brasil el modelo de “delación premiada”, que los españoles trataron con pinzas al hablar de “fórmulas premiales”, “justicia negociada” y eufemismos por el estilo. En algunos países llegó a tener ciertos efectos benéficos en el combate a la corrupción pública, la “delincuencia de cuello blanco” o ladrones con licencia del Estado. En Estados Unidos tomó el formato de “programas de inmuni­dad” o “delación compensada”, instrumento que rindió sus frutos en las investigaciones abiertas a grandes corporaciones que repartían sobornos a altos funcionarios de estados extranjeros para colocar sus productos.

La yaguareada con premio funciona bajo el principio de que un enclave de corrupción no se combate atacándolo desde el exterior sino dinamitándolo desde el interior. Primero se busca un personaje de rango intermedio, con mucho acceso a información privilegiada y se le anticipa que en el proceso abierto correrá el riesgo de ir a dar con sus huesos en la cárcel si antes no “canta”. Para que la cantada tenga premio, el delator debe entregar a funcionarios de jerarquías superiores a la de él mismo. Si no, no funciona. Y además, la veracidad de la información debe ser comprobable. Una mentira, en esa instancia, agrava la situación procesal del “cantante”.

En Argentina existe una figura adicional, la del “arrepentido”. Se la está usando mucho en los procesos abiertos a la ex presidenta Cristina Fernández cuyo ex contador, Victor Man­zanares, desembuchó un grueso testimonio so­bre los manejos de las cuentas personales de la ex presidenta, hoy vicepresidenta electa. Parece que el ex contador se arrepintió de su arrepen­timiento ni bien supo que la viuda de Kirchner volvía a la Casa Rosada. Tarde para el delator.

En Brasil, el caso más rutilante es el de Darío Messer, el “doleiro de doleiros”, fa­moso por liderar una caudalosa corriente de lavado de activos, con el Paraguay como una de sus terminales operativas.

Se viene la yaguareada con premio. Chi­vatear, buchonear, entregar… yaguarear, es un comportamiento que siempre ha despertado repugnancia y condena, pues es la herramienta preferida por las dictaduras y los estados policiacos. Veremos si, en de­mocracia, saca carnet de decencia. Aunque, una mordida seguirá siendo una mordida.

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