2019, más sombras que luces

PATRICIA GOTO
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La economía paraguaya finaliza una década de importante dinamismo y grandes avances en materia macroeconómica, consolidándose en el mundo y la región como uno de los países con mayor estabilidad. Sin embargo, el 2019 ha tenido más sombras que luces, y si bien la fortaleza macroeconómica ha sido clave para enfrentar los choques que recibió la economía, también quedaron expuestos los grandes desafíos que posee la economía paraguaya para la próxima década de manera a sostener el crecimiento a largo plazo, con efectos reales para la población.

En términos de actividad, es sabido que la economía paraguaya ingresó a una fase recesiva en el primer semestre del año, arrastrado por los efectos de shocks exógenos relacionados a condiciones climáticas adversas y a un deterioro de las economías de la región. Entre las principales consecuencias se pueden citar: (i) importante merma en la producción de soja, con su consecuente efecto negativo en la producción industrial y las exportaciones, (ii) pérdida de competitividad en el sector cárnico, (iii) drástica reducción en la producción de energía eléctrica (iv) reducción en el ingreso de turista derivando en un debilitamiento del consumo que también fue agravado por el reavivamiento del comercio de frontera tras la corrección de los precios relativos con Argentina y Brasil. Si bien en a partir del tercer trimestre la economía ha tomado un impulso, no sería suficiente para contrarrestar el pobre desempeño de la economía en la primera parte del año. En suma, el crecimiento del 2019 sería nulo, con una desaceleración generalizada en los sectores de la economía. ¿Qué lecciones nos quedan? Una alta dependencia al sector primario, lo cual nos convierte a su vez en dependientes al clima, y la poca diversificación de los mercados de exportación, donde se destacan las economías de la región.

Respecto a los precios, la inflación cerró el año en 2,8%, el registro más bajo en los últimos 10 años y cercano al rango inferior de la meta. El mismo estuvo determinado principalmente por el componente volátil de la canasta (frutas y verduras, servicios tarifados y combustibles) que marcaron una tendencia bajista en la evolución de los precios, mientras que el componente tendencial presentó un resultado de 3,1% interanual. El dato del 2019 mantiene una estabilidad en el nivel de precios, pilar fundamental de la macro en Paraguay, sin embargo, una demanda interna retraída y debilitada han favorecido dicho resultado, a partir de la conformación de precios en aquellos productos con demanda más elástica. Por lo anterior, es importante tener en cuenta que en adelante podría esperarse repunte en los precios conforme vayan evolucionando la actividad económica.

El dólar por su parte, se apreció en 9% frente al guaraní de forma acumulada en el 2019, en línea con lo observado en el mundo y en la región. Sin embargo, factores internos también han favorecido la depreciación del tipo de cambio, la escasez de divisas por menores exportaciones de soja y otros productos han derivado en un desequilibrio entre la oferta y demanda de divisas impactando en el precio final de la moneda norteamericana.

Consistente con una baja inflación a lo largo del año y sumados a un débil desempeño de la economía, la política monetaria asumió un rol expansivo en el 2019, con cinco reducciones de tasa de interés de política monetaria, cerrando el 2019 en 4%, desde un 5% observado a inicio de año. La baja de tasas se ha trasladado al mercado monetario, observándose un desplazamiento a la baja en la curva de tasas de las letras de regulación monetaria para todos los plazos. Hacia el 2020, es probable que la política monetaria retome su ciclo alcista, conforme a cómo vayan evolucionado los precios y la actividad.

En materia fiscal, mientras que el principal rubro de ingresos públicos (tributarios) crecía tímidamente en 1,7% respecto al año anterior, el principal rubro del gasto público (remuneraciones) se expandía en 8,1% en el 2019. Esto incorporó una importante presión sobre las cuentas fiscales, sumándole el significativo aumento de la inversión pública, como medida de reactivación económica. Lo anterior derivó en un déficit del 2,8% del PIB, muy por encima de lo establecido en la Ley de Responsabilidad Fiscal, del 1,5% del PIB.

El deterioro fiscal probablemente sea una de las mayores consecuencias que deja el 2019 sobre la economía. El incumplimiento, por primera vez desde su implementación (2013), del artículo 7 de la Ley de Responsabilidad fiscal, pone de manifiesto el escaso margen de maniobra que posee la política fiscal al intentar compensar los shocks negativos. La promulgación de la reciente reforma tributaria representa un avance en términos de ingresos. Sin embargo, es necesario llevar adelante medidas de contención del gasto y reestructuración de este. Si bien la deuda pública paraguaya se mantiene en niveles saludables y con espacio para incrementarse, el manejo eficiente del mismo es una condición necesaria para el manejo prudente de las finanzas públicas.

En suma, el 2019 da cierre a una década de transformación, donde Paraguay ha dado importantes pasos hacia el desarrollo, pero con un debilitado modelo económico como se pudo observar en el último año. En adelante, avanzar hacia un desarrollo de la industria y de los servicios sentarían las bases para la sostenibilidad del crecimiento y que esto se traduzca en efectos reales para la población. En materia de política económica, mantener una macro saludable debería ser mandato para los próximos años. En ese sentido, el deterioro fiscal que dejó el 2019 necesita ser revertida en el presente año, en un escenario de recuperación del PIB, política fiscal deberá resignar su rol anticíclico y priorizar su rol de ancla macroeconómica.

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