El desafío de potenciar capacidades mediante una educación de calidad

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La cobertura del sistema educativo paraguayo mejoró considerablemente en los últimos años. Sin embargo, los resultados de las evaluaciones aplicadas a los alumnos, así como la formación de las personas ocupadas muestran una brecha importante a cubrir en cuanto a calidad para que la educación contribuya efectivamente al desarrollo de las personas y al de la sociedad.

Es así que, según la última evaluación del Sistema Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (SNEPE) realizada en el 2018, 7 de cada 10 alumnos no superó el nivel mínimo o satisfactorio requerido para su grado o curso en las materias de comunicación y matemática. Es decir, el 70% de los alumnos evaluados no contaban con los conocimientos que debían haber tenido considerando los años que llevaban dentro del sistema. Este retraso en el aprendizaje posteriormente se trasladará en su desempeño en el mundo laboral.

Por otro lado, mirando la población ocupada, se puede observar que la permanencia es aún un desafío que superar, dado que el 32,2% de ella tiene 6 o menos años de estudio y otro 13,7% como mucho concluyó la educación escolar básica, lo que limita las capacidades de ambos grupos para desarrollar las tareas asignadas.

Estas cuestiones pesan finalmente en la evaluación del capital humano que tiene el país y por ende, inciden en su desarrollo.

Una mirada desde el capital humano.

El Índice de Capital Humano elaborado por el Banco Mundial mide el capital humano que un niño o una niña que nace hoy puede esperar alcanzar a los 18 años, teniendo en cuenta los riesgos de salud y de educación deficiente que existen en el país en el que vive. Las unidades representan la productividad en relación con un parámetro de educación completa y salud plena, en una escala de 0 a 1.

Este índice se encuentra compuesto por 6 pilares: la probabilidad de supervivencia hasta los 5 años, los años de escolaridad esperados, los puntajes de los exámenes armonizados, los años de escolaridad ajustados en función del aprendizaje, la proporción de niños menores de 5 años sin retraso del crecimiento y la tasa de supervivencia de los adultos. Considerando dichos pilares, en Paraguay el IDH es de 0,53, siendo 1 la máxima calificación.

La probabilidad de supervivencia hasta los 5 años es medida a partir de las tasas de mortalidad del país y representa qué porcentaje de la población sobrevivirá hasta los 5 años, edad en la que se inicia el proceso de acumulación de capital humano a través de la educación formal. En este pilar el país llega a 0,98, siendo de esta manera un dato positivo.

En cuanto a los años de escolaridad esperados para los niños, es la cantidad de años de estudio que se espera que un niño o niña haya logrado obtener a la edad de 18 años en el caso de que empiece a los 4 años. Este dato a nivel país asciende a 11,5 años, siendo de 11, 6 años en caso de los niños frente a los 11,5 años en el caso de las niñas.

Por su parte, los puntajes de exámenes armonizados combinan los principales datos de los resultados obtenidos en programas internacionales de evaluación del rendimiento de los alumnos, como la prueba Pisa, siendo 300 el nivel mínimo de rendimiento y 625 el resultado de un nivel avanzado.

Teniendo en cuenta este valor, las cifras de Paraguay son preocupantes, ya que el estudio elaborado por el Organismo Internacional sostiene que el nivel obtenido en país es de 388 ubicándose por debajo de países de la región como: Chile que alcanzó un puntaje de 466, Uruguay con 444, Argentina con 424, y Brasil con 408 puntos, visualizándose de esta manera la brecha en cuanto a rendimiento que posee un niño paraguayo frente a otros niños de la región.

Si a los años de escolaridad estimados se le descuenta un factor que mide cuánto aprenden los niños, se verifica que los años de estudio ajustados por el nivel de aprendizaje son 7,1. Este ajuste refleja el bajo rendimiento obtenido por parte de los niños evaluados, y también refleja que un alto nivel de asistencia a clases no tendrá un efecto significativo en la vida de los niños y niñas mientras no se mejoren los niveles de aprendizaje y comprensión, y la calidad de la educación.

Principales desafíos en materia del capital humano.

Considerando estos datos, los desafíos sociales en materia de capital humano que enfrenta nuestro país demuestran que, si no se invierte en educación, se descuida una causa común, haciendo que las políticas económicas que se puedan aplicar en otros sectores sean pocos sustentables, ya que poco sirve tener un crecimiento económico sostenido si este no es traducido a la mejora del bienestar de las personas que residen en un país.

Fomentar políticas que fortalezcan la educación, traerá consigo tanto beneficios económicos como sociales, ya que se puede lograr disminuir los niveles de pobreza por medio de la mejora de las capacidades y por ende, del nivel de ingreso de las personas debido a que estas se encontrarán mejor capacitadas y se podrán desenvolver de una manera más eficiente dentro de la sociedad, pero sobre todo permitirá que tengan un desarrollo integral que les garantice un mayor nivel de bienestar y contribuya así el bienestar del país.

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