Al menos en los negocios hubo un gran avance

Alfredo Schramm
@alfschramm

Si nos remontamos al 2003 -cuando el país es­tuvo a punto de entrar en default-, muy pocos cree­rían que la economía para­guaya estaría hoy entre las que más crecen (promedio de 4,5%) y con las finanzas públicas más saneadas en comparación a otros países de Latinoamérica.

Esto se reflejó en una os­tensible mejora para hacer negocios en el ámbito pri­vado. A modo de ejemplo, las exportaciones de gra­nos pasaron de 6 a 9,8 mi­llones de toneladas en los últimos 10 años.

En este mismo período, los envíos de carne vacuna pasaron a aportar de US$ 600 a 1.200 millones al año. Así también, el sector servicios experimentó un crecimiento de 250% y hoy mueve US$ 12.792 millones al año.

El fuerte crecimiento de la industria maquiladora y el boom de inversiones en el sector inmobiliario tampoco pasaron desaper­cibidos.

Toda esta buena racha hizo que se incrementará el crédito y las ganancias del sector financiero se dispararon de US$ 171 a 392 millones al año, nada mal para un mercado pequeño.

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Más allá de los números, el país pasó a ser mejor vis­to por los mercados inter­nacionales, hasta el punto que estamos a un paso de llegar al tan ansiado grado de inversión; la imagen de país pirata, que por déca­das dominó los titulares de los principales medios brasileños, dieron paso a títulos como el fenómeno económico de Sudamérica o ‘‘el tigre guaraní’’.

Lamentablemente todo este operativo de mejora de imagen país -iniciado por el Gobierno de Nicanor Duarte Frutos- está en la cuerda floja por el quiebre institucional que hoy vive la República.

PUNTOS FLOJOS

La debilidad institucional, el estigma del empresario proveniente del controver­sial negocio del tabaco que arrastra Cartes, que poco ayudan a la imagen país y la falta de voluntad política para verdaderas reformas estructurales, como un mayor aporte impositivo del agronegocio, siguen frenando un mayor avance en términos de desarrollo.

También existen serios cuestionamientos al mo­delo económico, pues los indicadores económicos inclinados hacia lo social no presentan mejoras sig­nificativas.

Para ser más claro, a pesar del boom macroeconómi­co y la mejora de clima de negocios, el Índice de De­sarrollo Humano, que no es otra cosa que calidad de vida, viene en retroceso, El PIB per cápita se contrajo y aumentó el desempleo en Gran Asunción, donde se concentra el 55% de la fuer­za laboral de este país.

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