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Editorial

Enchastres con los fondos públicos

Lo hemos dicho y repetido: un Estado pobre, que gasta como rico y derrocha como jeque árabe. Demasiada juerga en momentos tan críticos.

 
 
 

El déficit de la caja fiscal es un clavo oxidado incrustado en la administración del Estado que al no ser extirpado, va camino a provocar una septicemia. El ultimo agravamiento ha sido el desvío de fondos librados para financiar la emergencia sanitaria y aplicados a calafatear dos de los ítems más deficitarios de la caja, los correspondientes a policías y militares. Dos errores graves: primero, restar recursos al programa dedicado al combate al COVID que ahora entra a la fase de adquisición y aplicación de la vacuna que deberá proveer el Gobierno ruso. Segundo, mantener en una suerte de terapia intensiva indefinida una caja que quebraría instantáneamente si se le retiraran las muletas presupuestarias.

A este desaguisado se suma otro, la asignación de fondos del Instituto de Previsión Social como auxilio a comerciantes fronterizos alcanzados por la cuarentena. Aquí se perpetró una verdadera malversación de fondos que son propiedad exclusiva de los aportantes -empleados y patrones- y que fueron destinados a fines ajenos a la carta constitutiva del IPS. En este derrape fueron cómplices los parlamentarios que perpetraron otro de sus frankensteins legislativos.