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Editorial

Estado empresario, sinónimo de fracaso

El Estado paraguayo empresario es sinónimo de fracaso. Dejen ya de intentarlo porque no sirven. Dejen el negocio a los que saben cómo hacerlo.

 
 
 

Uno de los pocos casos de un Estado empresario exitoso en productos de alta competencia es el Grupo Renault, un conglomerado automotriz del cual el Estado francés es propietario en un 15,1%. Otro 63% de las acciones está en forma de capital flotante, es decir, papeles negociables en las bolsas. El resto del paquete está en manos de una automotriz japonesa y en un fondo alemán de pensiones. La empresa tenía, en 2018, un valor de mercado de 35.200 millones de euros. Otra empresa francesa, la de ferrocarriles (SNCF) funciona a base de subsidios entregados por los gobiernos regionales que dedicaron en 2020 un tercio de sus presupuestos a sostener el servicio.

Como regla general, los estados no son buenos empresarios, salvo la excepción señalada. En el Paraguay, esta condición está expuesta hasta la saciedad en ramos como la telefonía, la energía eléctrica, el petróleo, el agua, el acero y el cemento. En este ultimo caso, no solo se trata de una empresa deficitaria y destartalada, sino además de una enorme ineficiencia, que sólo sirve para sostener cuotas políticas y trancar la economía. Ayer informábamos que la cementera estatal no está en condiciones, desde hace un año, de entregar ni la mitad del cemento que teóricamente debería producir.