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Editorial

Quitando dramatismo a la palabra deuda

Para muchas mentes sencillas, formadas en los severos rigores del ahorro, la palabra deuda encierra solo peligros y amenazas. Pero el mundo de la competitividad invita a tomar dinero por adelantado, invertirlo y llegar en menos tiempo a la meta deseada.

 
 
 

Ninguna economía de mercado podría funcionar sin créditos, palabra que no tiene nada de diabólica sino todo lo contrario, ya que deriva del latín creditum, que significa confiar, creer en alguien.

Si sólo evaluamos por un momento la enorme cantidad de dinero y bienes que involucra el mundo del crédito bancario y financiero, pronto llegaremos a la conclusión de que ese universo sería imposible sin una dosis equivalente de confianza fundada en una sólida red de controles y auditorías.

Pese a todas las sospechas, desconfianzas y también fantasías que despierta en el público la deuda pública, lo cierto es que ese capítulo está siendo manejado con sensatez y prudencia. Somos buenos pagadores y cada bono subastado en los mercados internacionales obtiene compradores de inmediato. Eso solo se logra generando confianza y previsibilidad.

Ahora, Hacienda está empujando una ley de administración de pasivos que le permitirá remodelar la deuda ya contraída buscando mejores plazos y tasas más convenientes, sin intervención del Congreso. Es un procedimiento corriente en el universo financiero.

Pero eso ya les hizo ruido a algunos legisladores que lo ignoran todo respecto al mundo de las altas finanzas y quieren meter mano en asuntos cuya complejidad no entienden pero que no dudan en empastelar, cada vez que pueden, con declaraciones altisonantes para la gradería.

El proyecto está ahora a estudio del Senado. Ojalá los honorables no cedan a la tentación de oponerse por costumbre y acompañen el espíritu de la ley.

 
 

Editorial

U.E.: La ideologización del mercado

Este año 2020 el Paraguay habrá de cerrar otro ciclo virtualmente nulo para la exportación de carne bovina a Europa.

 
 
 

Centavos más o menos, cerrado el primer trimestre del año y promediado el último, las ventas a la Unión Europea apenas significan el 2,9% del total exportado.

La pandemia no ha incidido gran cosa ya que esta tendencia es una constante durante la última década. Mientras Chile, Israel y Rusia siguen acaparando los envíos de carne paraguaya, los principales clientes de la UE han venido en picada, entre ellos, Reino Unido, Alemania, España y Francia países, dicho sea de paso, de donde proviene la mayor resistencia hacia el tratado de la Unión Europea con el Mercosur.

Con la excepción de Uruguay, que la mantiene como segundo destino después de China, la UE es el cuarto destino para Argentina y el sexto para Brasil. El caso de Argentina es curioso porque mientras la oficina sanitaria europea califica al país como poseedor de un sistema de control confiable para las exportaciones de carne bovina, los envíos a ese destino han sufrido mermas considerables.

Al mismo tiempo, el bloque europeo condiciona fuertemente sus compras en Brasil al que acusa de estar destruyendo la Amazonia y comprometiendo seriamente el equilibrio ambiental del planeta.

La persistente protección a la producción agropecuaria local, envuelta en un engañoso manto de compromiso ambiental (la “economía verde” propiciada por el PNUMA), hace virtualmente inviable colocar en la Unión Europea partidas significativas de carne bovina y diversos productos alimenticios que configuren una competencia insostenible para la producción europea. Atrapada en el costoso corsé de su política agraria común (PAC), Europa no tiene otro remedio que condicionar fuertemente sus puertas a productos de extrazona.

 
 

Editorial

¿Duty free en Posadas?

Los comerciantes encarnacenos parecen estar asustados ante la posibilidad de que en Posadas se instale una zona franca o duty free en donde sería posible adquirir toda clase de productos a precios muy competitivos respecto a la oferta local.

 
 
 

La cuestión sonaría a verdadera amenaza si no se tratara de una iniciativa argentina. Por muy bien elaborado que esté el proyecto, su realización enfrentaría un problema de base. Para abastecer un duty free es preciso importar masivamente productos de diversas procedencias, en especial, novedades en electrónica, informática, telefonía móvil y la estrella del momento, el último grito en video juegos, además de bebidas, perfumería y productos de belleza.

Para abastecer un centro de compras de ese calibre se necesita una disponibilidad amplia de dólares, un artículo de lujo en este momento en un país en quiebra como Argentina, en donde sí abundan tipos de cambio con denominaciones tan absurdas como dólar solidario, dólar ahorro, contado con liquidación, dólar exportación y cosas por el estilo.

Como si todo eso no bastara, se ha llegado a exigir que para importar determinados productos hay que justificar haber exportado su equivalente en cualquier otra cosa.

¿Una broma? No, la pura realidad. En los últimos, años las “normas” que rigen el sistema financiero argentino ofrecen material suficiente para un foro mundial del absurdo, sin temor a exagerar.

El duty free en Posadas es un proyecto primorosamente elaborado pero con posibilidades casi nulas de funcionar. Los brasileños, con una economía bastante más seria que la argentina, han intentado algo similar con resultado bastante ambiguo. La pandemia fue mucho más dura y efectiva, pero el comercio paraguayo de frontera, en momentánea pausa, sigue vivo y resiliente.

 
 

Editorial

Pudriendo los canales de comercio

El alijo de cocaína camuflado dentro de un embarque de carbón muestra la capacidad para el mal de que es capaz el narcotráfico, un delito que jamás se cansa de buscar nuevas formas de despachar su mercancía rumbo a los mercados de más alto consumo.

 
 
 

La idea es siempre la misma: montarse en los canales de comercio internacional sujetos a rigurosas regulaciones y prerrequisitos de embarque que harían innecesario cualquier control ulterior una vez que las declaraciones, precintos y sellados hayan sido colocados sobre la mercancía. El problema, para los narcos, es que las aduanas han desarrollado procedimientos post-trámite especialmente diseñados para hacer saltar incongruencias.

Para eso están los escáneres y los sensores especiales entre los que se cuenta el infalible órgano olfativo de perros entrenados. Una combinación de todos esos pasos está permitiendo descubrir cantidades crecientes de contrabando de drogas como nunca antes se había visto.

En 2008 la aduana española halló 318 kilos de cocaína disimulados en un embarque de muebles rústicos y madera en tablas. En abril pasado cayeron dos partidas: 270 kilos de cocaína en un container refrigerado de carne con destino a Chile, al tiempo que la aduana de Barcelona capturaba 495 kilos de la droga como parte de un despacho de briquetas de madera.

Sumados a los 4.000 kilos incautados este fin de semana, son casi 5 toneladas de un producto con valor de mercado, en los centros de consumo europeos, de alrededor de US$ 250 millones.

El resultado es previsible. Todos los canales de exportación podrían estar infectados y deben ser auditados, con cancelaciones, retrasos y sobrecostos corrosivos para un comercio exterior en expansión, en el cual el valor confiabilidad no es precisamente menor.

Es una lucha mundial, no sólo nuestra.

 
 

Editorial

Talento humano y digitalización

Un economista investigador del Banco Mundial , invitado por el BCP, habló sobre la transformación que está experimentando el empleo en América Latina, en especial a partir del impacto producido por el COVID19.

 
 
 

Guillermo Beylis, Phd en economía por la Universidad de California-Los Angeles, cifró en tres ejes estos cambios drásticos: la desindustrialización, la servicificación y la adopción de nuevas tecnologías. Para surfear esta ola, y evitar ser tragado por ella, el expositor recomienda expandir la infraestructura digital, invertir en capital humano y mejorar los programas de protección social.

La explosión digital está a la vista. El e-commerce y el delivery crecieron en el Paraguay entre el 140 y el 300 por ciento durante la pandemia. Esto ha volcado sobre el entramado digital una presión para la que no estaba preparado y que es urgente expandir.

Y eso de invertir en capital humano es de la más pura lógica. Hace un par de años, en este mismo espacio, citábamos a la PwC (Price Waterhouse Cooper), una de las más solicitadas consultoras de servicios profesionales, que afirmaba que las pequeñas y medianas empresas están centrando su foco en la captación de talento humano el cual, unido a la digitalización de los procesos, puede ayudar a cerrar el déficit existente en ambos conceptos.

¿Cómo lograrlo? Ahí es donde surge el interrogante que nos interpela sobre el papel que cumple la educación en este proceso. Dos preguntas finales: ¿Favorece nuestro sistema educativo la generación de talento humano? ¿Qué podemos esperar, en este orden, los próximos cinco años?

Hay referentes del mundo de la política y de la empresa que siguen cifrando en la industrialización el desarrollo del país. Sería bueno que actualizaran sus relojes porque los procesos no esperan. Cambian rápido y van muy por delante.