Diálogo, Sr. ministro, no imposición

Todos sabemos que cuando el sueldo no alcanza hay que cortar gastos. Esta lógica simple siempre funciona… menos en el Gobierno".

Es muy difícil mantener un diálogo con alguien que solo lo entiende como un canal de una sola vía, la de ida, nunca la de vuelta. El ministro de Hacienda está pre­sionando a la Cámara de Diputados para que, sin más vueltas, apruebe su pretendido proyecto de reforma tributaria. Pero no acusa recibo de la con­trapartida que la sociedad en su conjunto le exige al Gobierno: racionalizar el gasto público.

El ministro se permite además un astuto juego de palabras diciendo que el 90% de los paraguayos no se verá afectado por la reforma que sí alcanzará al otro 10%. Lo que el ministro no especifica es que ese 10% “restante” compone casi un 40% del Producto Interno Bruto y, por lo tanto, es el de mayor capacidad contributiva. No se trata de un golpe “al voleo” sino que está bien pensado. Cualquiera sea el nombre que quieran darle, más allá del reor­denamiento tributario lo que el Estado necesita es recaudar más. Con lo que recauda ahora no le alcan­za. Y ahí es donde el con­tribuyente le sale al paso.

¿No le alcanza para qué? ¿Para enjugar las cuentas del derroche obsceno en que se ha convertido el PGN? ¿Para sostener a una chusma parásita conver­tida en “gasto público”? Por qué no empieza por exigirles a diputados y senadores que paren la colocación de verdaderas legiones de parientes y correligionarios con las que contaminan las planillas presupuestarias del Congreso, infección que alcanza a práctica­mente todas las oficinas gubernamentales descen­tralizadas, autárquicas o cualquiera sea la semánti­ca presupuestaria deliran­te que ha hecho metástasis en el Estado paraguayo.

Cualquiera sabe, y dema­siado bien, que cuando el sueldo no alcanza hay que cortar gastos. Esta lógica simple funciona en todas partes… me­nos en el Gobierno.

¿Y aun así se atreven a exi­gir pagar más impuestos?

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